16/08/2026
Ayer 15.08.2026 sábado, Magaly Murga y yo nos despertamos tempranito en La Victoria, estado Aragua, con el corazón acelerado y las mochilas full de insumos, pero sobre todo, llenas de unas ganas inmensas de abrazar y llevar alivio a nuestros hermanos de La Guaira tras los fuertes sismos. Bajamos en bus, con las cartas y sellos listos por si acaso, y aunque la Guardia y los médicos en las alcabalas fueron súper amables, el camino nos tenía preparada una gran lección en el refugio masivo en la cancha de golf de Caraballeda. Los médicos nos recibieron con muchísimo cariño e incluso nos ofrecían un espacio con camillas, Pero en esta ocasión era de trabajo grupal y no guiaron a buscar a los Lideres. Pero al buscar a los líderes comunitarios para organizar las dinámicas grupales, la realidad nos dio un impacto: nos encontramos con una actitud apática, que miraban al celular, y cero disposición de saber porque la buscamos, y así con otro lider.
En ese momento, mi compañera y yo nos miramos y lo tuvimos claro: Nuestro propósito tenía una finalidad, el amor de nuestras alumnas del centro Anuttara, iba metido en esas bolsas y la gente allá afuera necesitaba atención ya. Así que, sin perder la sonrisa, agarramos nuestras cosas y nos fuimos. ¡El tiempo de Dios es perfecto! ✨
Decidimos confiar y seguir nuestro instinto hacia nuestro plan inicial: la Plaza Las Palmeras en Tanaguarena. Aunque el contacto que nos guiaría no estaba, la vida nos puso exactamente donde nos necesitaban. ¡Qué belleza de receptividad!
Allí logramos armar un primer grupo de 15 personas hermosas. Hicimos dinámicas de estiramiento, les enseñé a liberar el diafragma y practicamos las técnicas de respiración para calmar la ansiedad. La conexión fue tan mágica que la gente opinaba, participaba y se desahogaba. En medio de las carpas, pudimos entrevistar a una familia hermosa para ayudarlos a visibilizar su caso en redes, y cerramos entregando sándwiches, jabones y toallas sanitarias.
¡Y la luz siguió fluyendo! De ahí nos fuimos a un segundo grupo en una casita al lado de la plaza donde ya nos estaban esperando. Empezamos con 6 personas afuera y, al ver lo lindo que fluía todo, se sumaron 5 vecinos más. Verlos cerrar los ojos, respirar profundo, soltar la tensión del cuello y aprender a hacerse automasaje en sus orejas y manos para ganarle al miedo en las noches, fue una recompensa que no tiene precio. Al final, compartimos con ellos sándwiches, toallas húmedas, papel higiénico y jabones. Pero el regalo más hermoso nos lo dieron ellos a nosotros. En esa casa tienen refugiadas a dos de sus hijas con sus familias que perdieron sus apartamentos en Caracas. Y aun en medio de su dolor y su escasez, nos abrieron sus vidas, nos pidieron agüita y nos regalaron un yogurt casero hecho por ellos mismos. Se me hizo un n**o en la garganta. Esa es la Venezuela que sana: la que da desde el amor, no desde lo que le sobra. Nos fuimos conmividas, y con varios números de teléfono anotados y la promesa firme de que ¡vamos a volver! 🤍
A la hermosa comunidad de Tanaguarena y los alrededores de la Plaza Las Palmeras:
Gracias por abrirnos las puertas de sus carpas, de sus hogares y de sus vidas. Gracias por dejarse cuidar, por regalarme ese yogurt que me supo a gloria y por recordarme por qué amo tanto mi profesión. Nos vemos muy pronto, se quedaron en mi corazón.
Mira, sigue y descubre más contenido popular.