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A pesar de las circunstancias, con un manojo de años y poco dinero, un motoaventurero venezolano defiende su gran sueño y lucha por vivirlo: Recorrer Suramérica en moto... y a la vez, dar voz y rostro a inmigrantes en la región.

Hay personas que abandonaron su paíspara olvidarlo.Otras que salimos de el, pero lo llevamos con nosotros a cada kilómet...
27/06/2026

Hay personas que abandonaron su país
para olvidarlo.

Otras que salimos de el, pero lo llevamos con nosotros a cada kilómetro que recorremos y nunca dejamos de volver, aunque sea con el corazón...

Récipe y tratamiento ante una abstinencia padecida en 2024...
23/06/2026

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21/06/2026
N-VI  Carretera y RutaCarretera Nacional VICasi con tantos nombres como los usados por Ilich Ramírez Sánchez, Carlos “El...
21/06/2026

N-VI
Carretera y Ruta

Carretera Nacional VI

Casi con tantos nombres como los usados por Ilich Ramírez Sánchez, Carlos “El Chacal”, la Carretera Nacional 6 (N-6) sigue siendo, y seguramente seguirá siendo siempre, la mítica Carretera Nacional VI (N-VI). También conocida como la “carretera de La Coruña” y, más recientemente, como la “Ruta N-VI” o incluso la “Ruta 66 española”, por ese atractivo turístico y cultural que conserva desde el kilómetro cero, en la Puerta del Sol —en pleno corazón de Madrid—, hasta el lugar donde la tierra se acaba y empieza el Atlántico, junto a la Torre de Hércules, en La Coruña.

La N-VI nació en el siglo XVIII como parte del antiguo Camino Real de Galicia, cuando el objetivo era claro: unir Madrid con la periferia a través de caminos sólidos y transitables. Y lo hizo atravesando territorios duros y hermosos: la Sierra de Guadarrama, la meseta infinita y las montañas leonesas.

Con una longitud histórica aproximada de 606 kilómetros, es una vía cargada de historia que conecta el centro de la península con el noroeste de España, cruzando seis provincias de distintas comunidades autónomas: Madrid, Segovia, Valladolid, León, Lugo y La Coruña.
Cuando viajar todavía era una aventura de verdad, esta carretera era historia de ida y vuelta, de paso lento y tiempo vivido. Durante décadas fue la gran arteria por donde circulaban camiones, viajeros, emigrantes y sueños rumbo a Galicia o hacia Madrid. Todo acababa pasando por aquí.
Atravesar la Sierra de Guadarrama no era cualquier cosa. En 1963 se inauguró el túnel, levantado a golpe de pico, pala y dinamita, principalmente por mineros asturianos. Años después llegaría el segundo túnel, en 1972, consolidando definitivamente el paso.

La N-VI es una de las seis grandes carreteras radiales de España. Pero mientras ella envejecía con dignidad, la A-6 —la Autovía del Noroeste— fue absorbiendo el tráfico rápido y la prisa moderna. Y quizá ahí empezó su verdadera transformación. Porque la vieja Nacional VI dejó de ser una carretera de correr para convertirse en una carretera de sentir.

Hoy es territorio del “turismo slow”, de quienes viajamos sin prisa y todavía buscamos carreteras con alma. Carreteras donde el viaje sigue importando más que la llegada.

Ruta N-VI

Debido a las variantes de trazado y a su conversión parcial en autovía, la longitud exacta puede variar ligeramente según la fuente. Algunas sitúan el final en el kilómetro 606 y otras en el 609. Aun así, el recorrido turístico promocionado como “Ruta N-VI” suele establecerse en unos 600 kilómetros.

La recientemente creada marca “Ruta N-VI” nace precisamente para revitalizar esta carretera histórica. El proyecto propone recorrerla por etapas adquiriendo un pasaporte de viaje que, de alguna manera, recuerda a un pequeño Camino de Santiago sobre asfalto. A lo largo del trayecto, los viajeros pueden ir consiguiendo sellos en diferentes localidades hasta obtener un diploma personalizado al completar la ruta, mientras descubren la gastronomía, el patrimonio y la vida tranquila de los pueblos que aún resisten junto a la vieja nacional.

Durante el recorrido todavía pueden verse las antiguas casas —o casillas— de peones camineros. Eran pequeñas viviendas levantadas junto a la carretera donde residían los operarios encargados del mantenimiento y reparación de un tramo concreto, normalmente de unos cinco kilómetros. Muchas permanecen abandonadas; otras han sido rehabilitadas o cedidas a los municipios.
La vieja N-VI ya no compite con la velocidad. Ni falta que le hace. Ahora es otra cosa: memoria, paisaje y viaje.

Y aunque muchos la llamen la “Ruta 66 española”, yo la veo como lo que realmente es: una de las grandes rutas históricas de este país. Igual que la Carretera Panamericana, la Ruta 40 argentina o la Estrada Nacional 2 portuguesa, no necesita compararse con ninguna otra porque tiene identidad propia.

Hay carreteras que simplemente te llevan a un destino. Y hay otras que, con los años, terminan devolviéndote a ti mismo. La N-VI es de esas.

La he recorrido y vuelto a recorrer varias veces, y nunca he sentido la necesidad de buscar el final. Prefiero dejar que sea la propia carretera quien me lo vaya contando.

PARTE VRegreso a casaSin alarma que me despierte, abro los ojos tras ese acto reflejo e instintivo que ayuda a activar l...
16/06/2026

PARTE V
Regreso a casa

Sin alarma que me despierte, abro los ojos tras ese acto reflejo e instintivo que ayuda a activar la circulación y preparar el sistema nervioso para pasar del reposo a la actividad. Ese gesto de estirarse y tensar los músculos al despertar, conocido en el lenguaje cotidiano como desperezarse, se llama pandiculación.

Con mayor o menor intensidad -desde el casi imperceptible murmullo de la lluvia fina hasta los potentes truenos- llovió durante toda la noche… y siguió lloviendo por la mañana. Me alisto y, bajo la incesante lluvia, anclo las alforjas a la moto y me pongo en marcha para recorrer los últimos 300 kilómetros hasta casa…

Atravesando La Bañeza seguí de largo y mientras desayunaba en Astorga, cesó la lluvia. Mas adelante el pavimento ya estaba seco y la N-VI vuelve a mostrarse como un auténtico encanto, a veces decorada con los icónicos toros de Osborne.

El Toro de Osborne nació en 1956 como una valla publicitaria para promocionar el brandy Veterano de las bodegas andaluzas Osborne. Empezó siendo un anuncio de carretera de apenas siete metros y acabó indultado por el Tribunal Supremo y convertido en un emblema cultural de España.

Hitos clave de su historia:

• 1956 — El diseño:
El Grupo Osborne encargó a la agencia Azor una campaña publicitaria. Manolo Prieto diseñó la imponente silueta del toro bravo buscando integrarla visualmente en el paisaje.

• Aumento de tamaño:
Debido a su inmediato éxito, en 1961 la figura fue rediseñada utilizando placas metálicas y pasó a medir 14 metros de altura.

• La amenaza de retirada (1988):
Una nueva Ley General de Carreteras prohibió la publicidad visible desde las vías, obligando a retirar las vallas.

• El “indulto” (1994–1997):
La petición popular y el apoyo de instituciones, artistas y ciudadanos impulsaron una campaña para salvarlos. En 1994 se aprobó un reglamento que los eximía de ser retirados por su “interés estético y cultural”.

• 1997 — Sentencia definitiva:
El Tribunal Supremo dictaminó su permanencia al considerar que habían superado su finalidad comercial para convertirse en un elemento integrado en el paisaje español y en parte del patrimonio cultural.

En algunos puntos, la autovía A-6 pasa por un viaducto sobre la vieja N-VI. En otros, ambas discurren paralelas. Y en algunos tramos es la propia Nacional la que cruza por encima de la autovía.

Llego a Pedrafita y, en el kilómetro 433, paro para repostar combustible. Mientras tomo un café, veo y me encapricho de una botella de vino blanco “Estación de Servicio Pedrafita do Cebreiro”.

Treinta kilómetros más adelante me detengo en La Posada de Paco, una posada y cafe motero que, por haber pasado siempre entre semana, nunca había encontrado abierta.

A lo largo de toda la Carretera Nacional VI llaman la atención —y despiertan la imaginación— gasolineras, restaurantes y hospedajes abandonados tras quebrar, faltos de clientes que cambiaron la romántica carretera por la rápida autovía. Lugares que un día estuvieron llenos de camioneros, familias de viaje y motoristas curtidos por la carretera… y que hoy permanecen ahí, silenciosos, viendo pasar el tiempo desde el arcén del olvido.

Esta vez, en sentido contrario, vuelvo a pasar junto al hito del kilómetro 586 y el odómetro indica que, tras 1.672 kilómetros, he llegado a casa. Apago el motor. Y, de repente, ese silencio… Ese silencio que siempre llega después de muchos kilómetros y que sólo entiende quien viaja sobre dos ruedas.

“Monto el rancho” —cuelgo la indumentaria motera para que se seque y se airee— mientras el olor a carretera mojada, gasolina y cuero de los guantes todavía sigue pegado a mí como una segunda piel.

Agradezco a Dios todo lo bueno vivido en este recorrido por paisajes, historia y raíces familiares. Porque algunos viajes no se hacen únicamente para conocer lugares… sino también para reencontrarse con partes de uno mismo que quedaron atrás hace muchos años.

La moto descansa. Yo también. Y más tarde, ya tranquilo, disfruto del souvenir… sabiendo que ciertos viajes terminan al llegar a casa, pero otros continúan rodando para siempre dentro de uno...

Carretera N-VIRecorriendo Paisajes, Historia y Mis Raíces FamiliaresPARTE IVCapítulo 2Mis Raíces SegovianasSegovia tiene...
13/06/2026

Carretera N-VI
Recorriendo Paisajes, Historia y Mis Raíces Familiares

PARTE IV
Capítulo 2
Mis Raíces Segovianas

Segovia tiene un aire castellano muy sobrio y elegante, con mucha piedra dorada, calles medievales y un enorme peso histórico. Lo más famoso es su impresionante Acueducto, construido por los romanos hace casi dos mil años y todavía asombroso por su tamaño y conservación. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con el casco antiguo de la ciudad.

Otra joya arquitectónica y cargada de historia es el Alcázar de Segovia. La reina Isabel I lo utilizó como residencia principal y fue proclamada reina de Castilla allí, en 1474. Y si te parece un castillo de cuento, estás en lo cierto: el mismísimo Walt Disney se inspiró en él para crear el castillo de Walt Disney World, el “Cinderella Castle” (castillo de Cenicienta).

También destaca la Catedral de Segovia, conocida como “la dama de las catedrales”. Es una de las últimas grandes catedrales góticas construidas en España. Originalmente, su torre terminaba en un enorme chapitel de madera de caoba traída de América, alcanzando unos 108 metros de altura, lo que la convirtió en la torre más alta de España durante el siglo XVI. Pero el 18 de septiembre de 1614, durante una tormenta eléctrica, un rayo provocó un incendio que la destruyó. Posteriormente, la parte superior fue reconstruida en piedra, con un estilo más sobrio, aunque perdió unos 20 metros de altura, quedando en los actuales 88 metros.

Cada vez que he ido a Segovia me ha parecido digna de contemplar… Sus calles, obras, gentes, comercios, lugares… todo tiene un “toque mágico”. Y no sólo para mí.

Aunque históricamente fue ciudad romana y luego medieval castellana, y aunque allí convivieron cristianos, judíos y musulmanes durante siglos, para mí lo más valioso es “La Casa de la Cara”. La casa donde vivió mi familia paterna, donde nació mi padre e incluso donde vivieron mis padres, mi hermana y un hermano que trágicamente murió arrollado por un conductor ebrio cuando, junto a mi hermana y una prima, regresaban caminando a casa.

Situada junto a la muralla, entre la calle Padre Scio y la bajada de la Canaleja, estaba “La Casa de la Cara”, como se la conocía localmente porque, con un poco de imaginación, sus dos ventanas superiores simulaban los ojos; las dos inferiores —más juntas entre sí— serían los orificios de la nariz, y más abajo, una puerta hacía de boca… Esa fue la casa de mis abuelos, padres y hermanos… hoy es una añoranza familiar.

Tras el corto recorrido andando desde “La Casa de la Cara”, vuelvo a pasar por debajo del acueducto cuando regreso a buscar la moto. Reposto combustible y bordeo la ciudad para ver la catedral desde las afueras. Luego sigo hasta el mirador desde donde se aprecia el Alcázar desde abajo, delatando el porqué de su estratégica ubicación y de esa construcción en forma de proa de barco… Otros tiempos… Otras obras… Otras artes…

Cierro capítulo en Segovia y tomo la carretera hacia Sanchonuño, el pueblo de mi familia materna. Atravieso los pinares por los que, de joven, mi padre cazaba. También contaba que, en mitad de la negra noche, muchas veces corría riesgo de ser capturado mientras “contrabandeaba” harina de trigo y otros alimentos desde Sanchonuño hasta Segovia, intentando paliar el hambre causada por la escasez y el racionamiento de la posguerra civil.

Llegué a Sanchonuño pasada ya la hora de la comida. Atravieso el pueblo por su vía principal, pero regreso al restaurante que había visto al entrar. Como y luego salgo a recorrer el pueblo con calma.

Sanchonuño es un pequeño pueblo segoviano muy ligado a la tierra y a la agricultura castellana. De hecho, muchas personas lo consideran “la capital de la huerta segoviana”. Su historia es antigua: en la zona se han encontrado restos de la Edad del Bronce y vestigios visigodos. El pueblo aparece documentado ya en el año 1247 y su nombre procede del caballero medieval Sancho Nunno, quien lo repobló durante la Reconquista.

Es uno de esos pueblos castellanos tranquilos, de vida sencilla y muy auténtica, donde todavía se percibe una fuerte relación con el campo, las estaciones y las tradiciones familiares.

Mientras recorría sus calles y edificaciones principales, me decía —o quizá sentía—: “Por estas calles anduvo mi madre. A esta iglesia vino, y a esta plaza también durante las fiestas del pueblo”. Me preguntaba dónde habría quedado la escuela a la que iba… cuando podía.

De familia humilde y agricultora, contaba mi madre que, bien fuese porque era invierno, porque llovía o porque no era época de trabajo, sólo iba a la escuela cuando NO se podía trabajar la tierra. No tenía muy buena letra y escribía con errores ortográficos… pero era buena con las cuentas, el baile, la cocina, las risas, el trabajo y las plantas. Pero más aún, con su familia, amistades y el prójimo en general…

Como si pudiera hacer que, a través de mis ojos, ella viera su pueblo una vez más, contemplé con enorme atención la iglesia, las callejuelas, las esquinas y el ayuntamiento frente a la plaza mayor… Miraba y “recontramiraba” cada rincón.

Por la precaria situación económica en la que estaba sumergida España, a mi padre —que era un excelente ebanista— los trabajos que le salían eran simples reparaciones de carpintería que no daban para cubrir gastos ni mantener a su familia. Entonces fueron a probar suerte en Sanchonuño. Pero resultó que gran parte de los trabajos que hacía se los pagaban con comida… Volvieron a Segovia y, poco después, emigraron a Venezuela.

En Sanchonuño vivieron en una casa junto a una laguna. Por la descripción de mi hermana traté de encontrarla o, al menos, ubicar el lugar donde estuvo. Quizá la vi. Quizá estuve junto a ella… pero no supe ubicarme ni reconocerla. Quizá había otra laguna y no estaba en el lugar correcto… No hubo manera. Tal vez algún día pueda volver con mi hermana.

Retomé la ruta con dirección a Medina del Campo para volver a conectar con la N-VI y apenas saliendo de Sanchonuño, y de un cielo que llevaba rato muy nublado, comienzan a caer gotas. No he terminado de superar el malestar, como de gripe, así que de inmediato me detengo en una parada de autobús y me pongo el traje impermeable.

Ya en Medina del Campo voy a ver el Castillo de la Mota, pero cada vez más, el cielo sigue encapotándose en amenaza de lluvia, y retomo ruta.

Decido quedarme en La Bañeza, donde las carreras de motocicletas hicieron su aparición por primera vez en 1952 como aliciente encandilador de sus fiestas patronales. Dos años más tarde nació oficialmente el Moto Club Bañezano, formado por aquellos hombres que comenzaron a organizar aquellas carreras. Desde su nacimiento hasta 1979, las competiciones encontraron ubicación en un determinado espacio urbano, al que regresarían en un segundo periodo durante la primera mitad de los años noventa. En los años ochenta y desde 1996 hasta la actualidad, el circuito ha ocupado otro espacio, con variaciones, añadiendo calles, curvas, recovecos y cambios de dirección… todo lo necesario para salvaguardar tan mágico evento, reinventado generación tras generación por el Moto Club Bañezano.

A unos tres kilómetros antes de la ciudad me hospedo en un hotel junto a la carretera N-VI. Descargo las alforjas de la moto y, ya por la hora y sin cambiarme de ropa, doy una vuelta por la ciudad. Ceno una muy buena hamburguesa y regreso al hotel justo cuando comenzaba a llover…

No para de llover.

Me ducho, voy a dormir… y no para de llover…

Carretera N-VIRecorriendo Paisajes, Historia y Mis Raíces FamiliaresPARTE IVCapitulo 1Despedirse Irse Fuir Salir (M-40)L...
13/06/2026

Carretera N-VI
Recorriendo Paisajes, Historia y Mis Raíces Familiares

PARTE IV
Capitulo 1
Despedirse Irse Fuir Salir (M-40)

Lunes. No pasé mala noche. Despierto. Me ducho, desayuno, las chicas al colegio, alforjas a la moto y se abre la puerta del garaje. Con un agradecido abrazo me despido de mi muy querida sobrina y del “pan dulce” de su esposo.

Casco. Guantes. Subo la cremallera de la chaqueta. Se abre el garaje y s**o la moto. Sonrisas. Una extraña sensación y en marcha.

Derecha, izquierda, derecha, derecha, izquierda… y ya estoy en la autovía. Es la A-2; amplia, muy amplia, bastante transitada. Atravesando Torrejón de Ardoz, el incesante tráfico aéreo a lo lejos es como una autopista de aviones que descienden desde el cielo hacia Barajas.

La concentración que empleo al conducir hace que, poco a poco, se vaya diluyendo esa extraña sensación que tuve al despedirme y justo antes de ponerme en marcha —y que ya he vivido antes con más gente querida—. Es como si, en el instante de la despedida, se hubiese unido a ellas una hebra de un ovillo que, a medida que te alejas, se va deshaciendo, pero sin romperse ni acabarse…

Tras 26 kilómetros, en el N**o de Canillejas / Avenida de América, conecto con la M-40.
En el espacio exterior existen los agujeros negros, cuya gravedad es tan intensa que nada puede escapar de ellos, porque se forman cuando una estrella muy masiva agota su combustible y colapsa sobre sí misma, quedando toda su materia comprimida en una zona extremadamente pequeña y densa.

Ahora miro a Madrid como otra estrella a punto de agotar su combustible y colapsar dentro de una órbita feroz. Un anillo infinito de asfalto: la M-40.

Frontera entre la gran ciudad y la periferia, la M-40 es una autopista de circunvalación de 63 km y un radio medio de 10 km con respecto al kilómetro 0 en la Puerta del Sol. Como una muralla, rodea Madrid, fluyendo al alba desde los hogares hacia los trabajos, y por la noche su luz naranja es un corredor de regreso a casa…

Como cuando, por fin, dejé aquella oscura carretera y la tomé para llegar a casa de mi sobrina en Alcalá.

Si cuando viajas y llegas a Madrid tienes esa rara sensación de “todavía no he llegado, pero ya estoy en Madrid”, al irte pasa lo mismo… pero a la inversa.

Para salir de Madrid hacia Galicia por la antigua carretera de La Coruña, es decir la actual A-6 / N-VI, se deja la M-40 en el gran enlace de El Barrial, en la zona de Pozuelo, a la altura de Aravaca.

Tras unos 57 kilómetros por autovía y autopista, como si de una lucha entre pulpos descomunales que entrelazan sus tentáculos bajo la tinta de Homero se tratase, fluyo entre un n**o gigantesco de vías, accesos y salidas, hasta hacerme a un lado en Torrelodones, donde tomé la N-VI en su kilómetro 29.

En condiciones climáticas idóneas paso por Collado Villalba y Guadarrama. Entre curvas y pinares asciendo este tramo tan clásicamente rutero del Puerto de Guadarrama hasta coronar el icónico Alto del León, donde me detengo para tomar “café con fotos”.

Fotografío dos hitos icónicos: uno rojo y blanco, pequeño, de la N-VI que delimita la Comunidad de Madrid y la provincia de Segovia, y otro, una escultura de piedra que representa a un león apoyando una de sus patas sobre un orbe, símbolo de la vieja Iberia.

Fue erigido en 1749 por mandato del rey Fernando VI con motivo de la inauguración del Camino Real de Castilla, la primera gran carretera moderna que cruzaba la Sierra de Guadarrama para conectar ambas Castillas.

Desciendo hasta San Rafael y dejo la N-VI para desviarme hacia Segovia, no con fines turísticos —aunque sea una de las ciudades históricas más bonitas de España—, sino porque quiero ver y andar entre mis raíces, ya que mi padre nació en la ciudad de Segovia y, aunque mi madre era del cercano pueblo de Sanchonuño, también vivió en ella.

Carretera N-VIRecorriendo Paisajes, Historia y Mis Raíces FamiliaresPARTE IIIPongamos que hablo de "MadriZ"Los tres días...
09/06/2026

Carretera N-VI
Recorriendo Paisajes, Historia y Mis Raíces Familiares

PARTE III
Pongamos que hablo de "MadriZ"

Los tres días siguientes, disfrutando de mi familia en "la cuna de Cervantes", fueron tan tranquilos y tan llenos de cariño —incluido el perro de mi sobrina— que no volví a tocar la moto hasta la mañana en que emprendí el regreso.

Atípicamente para la época en estas latitudes, la incertidumbre de un clima impredecible siguió muy presente.

Fui a Tapara Food, un bonito restaurante de comida venezolana, donde había quedado para comer con mi hermana y mi cuñado. Después dimos un paseo por el casco histórico de Alcalá de Henares, pero la verdad es que el tiempo no acompañaba y, como además yo no me encontraba bien, regresamos a casa.

Aquella noche la pasé bastante mal y llegué a plantearme que, si no mejoraba, llegado el momento de volver a Coruña quizá tendría que dejar la moto y regresar a buscarla otro día.

El sábado fuimos en tren a Madrid; ciudad que, por azares de la vida y del rock n' roll, fue mi refugio entre 1992 y 1995. Allí había quedado con Pablo, un gran amigo desde aquellos años noventa que, aunque vive en Argentina desde hace mucho tiempo, suele venir por estas fechas.
Frente a la Puerta del Sol está el Km 0 de las carreteras radiales de España y, por ende, el de la N-VI. No me hice la trillada foto con el pie sobre la placa ni tampoco junto al Oso y el Madroño. Sin embargo, después de tapear en una sidrería y caminar por Sol y los alrededores del Palacio Real, sí disfrutamos de un exquisito chocolate con churros en la Chocolatería San Ginés que, además de ser la más antigua (1894) y famosa de "Madriz", sigue siendo un auténtico deleite.

La tarde fue transcurriendo y recorrimos la siempre hermosa —y otrora más elegante— Gran Vía. Pasamos frente a la Iglesia de San José (calle de Alcalá, 43, esquina Gran Vía), donde se conserva el acta del matrimonio que el Libertador Simón Bolívar contrajo el 26 de mayo de 1802 con la madrileña María Teresa del Toro.

Unos metros más adelante llegamos a la icónica Plaza de Cibeles que, flanqueada por el Banco de España, el Palacio de Comunicaciones y la Casa de América, sigue siendo una espectacular postal urbana, con la monumental Puerta de Alcalá como queriendo acompañarla.

Satisfecho por el reencuentro, nos despedimos de Pablo en la estación de Recoletos y regresamos a Alcalá de Henares que, al mejor estilo del clima gallego, tan pronto llovía como escampaba. Llovía con sol. Los nubarrones cubrían por completo el cielo, pero no caía una gota... o llovía de una forma tan parecida a Coruña que terminé rebautizándola como "Alcoruñá de Henares".

Pero ni mi malestar físico ni aquel clima caprichoso fueron rival para la satisfacción de haber compartido un hermoso día en familia y haber vuelto a abrazar a un viejo amigo.

Esa noche descansé mejor que la anterior y, aunque todavía contaba con el comodín de un día extra que suelo reservar cuando viajo con el tiempo justo, amanecí con la certeza de encontrarme lo suficientemente bien como para emprender el regreso al día siguiente.

Pero hoy era hoy y para celebrar el cumpleaños de mi sobrino, la familia volvió a reunirse en otro de esos días que recuerdan que el verdadero valor de los viajes no siempre está en los kilómetros recorridos, sino en los abrazos que uno encuentra en el camino.

De vuelta en Alcalá ya en casa de mi sobrina, solo quedaba compartir los últimos momentos, descansar y preparar el regreso porque, al día siguiente, tocaba volver a Coruña -moto y carretera esperaban. Pero esa ya es otra historia.

"Cuando la muerte venga a visitarme
Que me lleven al sur donde nací
Aquí no queda sitio para nadie
Pongamos que hablo de Madrid"
Joaquin Sabina.

Carretera N-VIRecorriendo Paisajes, Historia y Mis Raíces FamiliaresPARTE IICapitulo 3La tormenta y el alivioLlegué a As...
04/06/2026

Carretera N-VI
Recorriendo Paisajes, Historia y Mis Raíces Familiares

PARTE II
Capitulo 3
La tormenta y el alivio

Llegué a Astorga y saliendo de La Bañeza, la antigua N-VI -absorbida en parte por la A-6, hace una de esas extrañas desapariciones porque, de pronto, ya no puedes continuar: la carretera pasa a ser de dos carriles, a uno solo en sentido contrario que realmente es una salida de la autovía...

Quería haber continuado hacia Tordesillas evitando la A-6, aunque fuese transitando por lo que alguna vez fue la antigua nacional, y entonces me dejé llevar no sé por cuantas carreteras entre prados, lugares, aldeas y sensaciones de euforia. Solo sé que atravesaba aquellas hermosas planicies castellanas mientras avanzaba la tarde y el cielo comenzaba a cubrirse de inmensos nubarrones descargando torrenciales lluvias en la distancia.

Pasadas las ocho llegué a Tordesillas, justo a tiempo para repostar en una gasolinera y ponerme el traje impermeable. Desconocía totalmente aquellas rutas y su geografía. Solo sabía que, tarde o temprano, entraría en la provincia de Segovia y atravesaría el puerto de Guadarrama para descender hacia Madrid. Confieso que con toda mi esperanza deseé que aquellos nubarrones negros no estuviesen en mi camino y seguí...

Pero la suerte estaba echada y, cuanto más avanzaba, más me acercaba a un cielo negro y centelleante, como si en él se librase una guerra entre dioses o hubiesen dictado sentencia contra la humanidad...

Recordé películas como La tormenta perfecta y Twister. Comenzaron a caer gotas del tamaño de fresas. Los vehículos en sentido contrario venían con las luces encendidas y los limpiaparabrisas funcionando al máximo. Deseé encontrar algún hotel de carretera para decidir si continuaba, esperaba un rato... o si simplemente convenía pernoctar.

Trabajo como repartidor en moto por Coruña, donde el clima suele ser lluviosamente adverso. También he recorrido rutas venezolanas bajo torrenciales aguaceros llaneros. No me disuelvo con agua porque no soy de azúcar, pero apenas estaba saliendo de un largo malestar gripal y sabiendo que, Segovia era fríay que pasaría por el Alto del León en plena Sierra de Guadarrama, no era precisamente la decisión más inteligente... aunque, como dije antes: la suerte estaba echada.

En ese corto trayecto, antes de que «el Orinoco se desplomase desde el cielo», no alcancé a pasar por ningún hotel junto a la carretera. No atravesé ningún pueblo. No pasé por ninguna gasolinera ni restaurante. Parecía que el cielo se hubiese convertido en agua reclamado por una tierra a la cual los dioses hubiesen complacido.

Poca visibilidad. Tráfico lento. Grandes vehículos pesados. Carretera de doble sentido. La vieja N-VI. Continuar fue mi única opción... no iba a quedarme como perro perdido junto a la carretera.

Desde las llanuras de Castilla no tomé ni una sola fotografía. No me detuve para nada. No llevaba cuello polar porque no me esperaba ese clima. El delgado Buff terminó completamente empapado y, con el frío de la noche y la altura, se convirtió en una compresa helada alrededor de mi cuello. Y como para borrar toda evidencia de que existe un in****no líquido, justo después de pasar el Alto del León cesó la lluvia y comenzó el descenso que me desvió a una ruta nunca antes transitada. Oscuridad absoluta. Sin referencia visual. Desorientado por completo, solo me quedaba confiar en Google Maps.

En el último momento, ya casi incrédulo, como quien es abducido por un agujero negro y entra en una dimensión o plano paralelo, llamé al esposo de mi sobrina para contárselo y pedirle que me enviara su ubicación, a fin de cotejar la ruta sugerida y efectivamente; ya estaba a punto de abandonar aquella carretera y tomar por fin la autopista.

No sé por dónde me condujo Google Maps, pero estaba muy cerca de la salida a la autovía con sentido a Alcalá. Respiré. Finalmente tomé la autopista y conduje hasta casa de mi sobrina.

El día anterior había recorrido 311 kilómetros desde casa hasta Castro Caldelas. Hoy... 623 kilómetros hasta casa.

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