23/03/2026
Hoy, 23 de marzo, celebramos más que un aniversario; celebramos el triunfo de un propósito.
Hace exactamente cinco años, tras ocho años de aprendizaje y enseñanza en otros espacios, nació Kintsugi Dojo. Surgimos en un momento de incertidumbre global, desafiando pronósticos en plena pandemia, pero con la convicción de que el mundo necesitaba, más que nunca, la fortaleza que el Karate-do otorga al espíritu. Hoy, miro con orgullo a esos primeros alumnos que confiaron en nosotros desde el primer día y que hoy siguen siendo el corazón de nuestra academia.
Elegí el nombre Kintsugi porque es una filosofía que me ha sostenido en cada batalla de la vida. En el arte japonés, el Kintsugi no oculta las fracturas de una pieza de cerámica; las resalta con oro, convirtiendo la debilidad en una fortaleza inquebrantable y única. Esa es nuestra misión con sus hijos.
En nuestro Dojo no solo formamos atletas; cultivamos seres humanos integrales. Entendemos que, al igual que el barro en manos del maestro, cada niño atraviesa sus propias pruebas. Nuestra labor es enseñarles que cada obstáculo superado es una línea de oro en su carácter.
Más que un Dojo, somos una familia.
Gracias a cada padre y representante por permitirnos ser parte de la crianza de sus hijos. Ustedes nos exigen ser mejores Senseis y profesionales cada día. Si bien nos llena de orgullo haber construido Campeones Nacionales, nuestra verdadera medalla de oro es verlos convertirse en campeones de la vida: individuos resilientes, felices y capaces de transformar cualquier adversidad en una oportunidad de crecimiento.
El Karate me ha dado todo lo que soy. Caminar esta senda junto a sus hijos es el mayor honor de mi carrera.
Gracias por estos primeros 5 años de disciplina, respeto y corazón.
¡Oss!