20/07/2026
Antes de que Nico Williams se proclamara campeón del mundo con España, su padre había cruzado descalzo el desierto del Sáhara y su madre había saltado la valla de Melilla sin saber que estaba embarazada.
En 1994, Félix Williams y María Arthuer abandonaron Ghana con la esperanza de construir una vida diferente. No podían imaginar que el viaje los llevaría a atravesar una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.
Una parte del trayecto la hicieron en la parte trasera de un camión abierto, hacinados junto a unas cuarenta personas. Después tuvieron que caminar durante varios días bajo temperaturas que podían alcanzar los 40 o 50 grados. Félix avanzó sin calzado sobre la arena y las heridas que sufrió en las plantas de los pies lo acompañaron durante años.
Hubo momentos en los que quedaron abandonados sin agua ni comida. Algunos viajeros se desplomaron y no consiguieron continuar. María confesaría después que, de haber sabido lo que les esperaba, probablemente nunca habría emprendido aquel camino.
Cuando alcanzaron Melilla, ella trepó la valla junto a su esposo. Ambos fueron detenidos por encontrarse sin documentación. La intervención de un abogado vinculado a Cáritas les abrió una posibilidad para permanecer en España y llegar hasta Bilbao.
Poco después, el 15 de junio de 1994, nació su primer hijo. Lo llamaron Iñaki en honor a Iñaki Mardones, el sacerdote que se convirtió en padrino del niño y ayudó a la familia durante sus primeros años. Más tarde se trasladaron a Pamplona, donde comenzaron una vida humilde marcada por trabajos temporales y grandes dificultades económicas.
Félix trabajó como pastor, limpiador de obras y en todo aquello que encontraba. Cuando Iñaki tenía unos diez años y Nico apenas dos, se marchó solo a Londres en busca de empleo. Allí limpió mesas, trabajó como vigilante y realizó labores que le permitieran enviar dinero a casa.
María llegó a tener dos o tres empleos al mismo tiempo. Durante la ausencia de su padre, Iñaki asumió muchas responsabilidades y se convirtió casi en una figura paterna para Nico. La familia permaneció separada durante cerca de una década, hasta que el éxito futbolístico del hijo mayor permitió que Félix regresara.
Nico nació en Pamplona en 2002 y creció sin conocer todos los detalles del sacrificio que había precedido su llegada. Con el tiempo, él y su hermano terminaron compartiendo el vestuario del Athletic Club, aunque eligieron representar a selecciones diferentes: Iñaki a Ghana y Nico a España.
El 19 de julio de 2026, Nico Williams disputó con la selección española la final del Mundial frente a Argentina. El partido permaneció sin goles hasta la prórroga.
En el minuto 106, Pedro Porro envió el balón hacia el segundo palo. Nico lo devolvió de cabeza al centro del área y Ferran Torres apareció para marcar el gol que le dio a España su segunda Copa del Mundo.
Durante años, el padre de Nico conservó en sus pies las marcas del desierto. Más de tres décadas después, su hijo utilizó los suyos para llegar hasta la final más importante del fútbol y su cabeza para construir la jugada que decidió el campeonato.
El gol perteneció a Ferran Torres.
Pero detrás de aquel balón también viajaban los pasos de Félix y María, dos personas que comenzaron a caminar cuando todavía no sabían hasta dónde llegarían sus hijos.