06/03/2024
El año pasado pude asistir a una clase de Yasumasa Kuroda sensei.
Fue por gentil intercesión de Manabu Masuda sensei, alumno de su padre, Kuroda Tetsuzan, desde hace treinta años.
Usualmente, en Shimbukan Dojo no se permiten “visitantes” durante una clase (si la persona no se ha registrado para practicar y demás…)
Fue un gesto muy amable, de parte de Kuroda Yasumasa sensei, en consideración a la confianza con Masuda sensei (por otra parte Sempai de la Escuela, por su antigüedad)
Yasumasa sensei es “joven”, en el criterio tradicional japonés: poco más de 40 años de edad.
Va a suceder a su padre, convirtiéndose en el decimosexto “jefe de familia”.
Nuestro encuentro tuvo ciertas “notas” y características muy peculiares, muy propias de Japón, y que, la mayoría de los occidentales desconocemos:
En el camino al Dojo (Un enorme centro comunal donde se difunden clases de todo tipo, desde Artes Marciales hasta Artesanía local), junto a Masuda sensei, nos encontramos con Yasumasa sensei en la calle, una peatonal comercial típica de un barrio “sin turistas” en una Prefectura fuera de Tokyo.
La presentación “en la calle” fue muy cordial y sencilla.
Nos separamos en la entrada del edificio. Esperé, más arriba, en la puerta del Dojo, a que llegaran todos los alumnos (Masuda sensei era uno de ellos, claro) y reapareciera Yasumasa sensei.
Entonces, Masuda sensei volvió a llamarme “para presentarme ante Sensei”...
Es decir: Vinimos caminando, diez minutos, en cordial conversación previa… pero, ahora, debería “presentarme”, formalmente, ante el Sensei.
Así lo hice.
Las cosas son así, en Japón (y, está bien que, en ciertos ámbitos, así sean… “Tiempo, lugar y gente”, se dice en el Sufismo)
La clase… ¿Qué puedo decir? ¡Estoy tan agradecido! Un grupo humano tan cordial como “formal”... Yasumasa sensei, de a ratos, se acercaba al rincón donde yo me encontraba para explicarme, generosamente, algún detalle. Ese grupo de estudiantes y su Sensei, evidenciaba “un buen tiempo” de conocerse: la forma de tratarse, con respeto y cariño mutuo. En ese enorme Dojo, nadie elevaba la voz.
Al término de la clase, Masuda sensei, nos había invitado a un pequeño restaurante italiano
(Estaba agradeciendo, también, la generosidad de la familia Kuroda por permitirme asistir)
Allí nos tomaron esta foto.
El joven Maestro, al centro de la foto, tiene una enorme responsabilidad por delante.
Puede confiar en el Sempai que está a su derecha.