02/25/2026
Cuando Pippen lideró a los Bulls sin Jordan en la temporada 1993-94 y ganaron 55 partidos sin él.
Jordan se retira justo antes del campamento de entrenamiento. Sin previo aviso. Sin una transición gradual. El jugador franquicia desaparece y todo el ecosistema tiene que reconfigurarse sobre la marcha. Ese tipo de impacto suele enviar a los equipos directamente a la lotería.
En cambio, Scottie Pippen da un paso al frente y se ve completamente cómodo como el alfa.
Termina tercero en la votación al MVP.
Tercero. En una liga con Hakeem, David Robinson y Ewing. Gana el MVP del Juego de las Estrellas. Defiende a un nivel de élite. Dirige el ataque. Y lidera a los Bulls a 55 victorias y un séptimo partido en la segunda ronda que pierden por dos puntos.
Ese no es un equipo que apenas sobrevive. Es un aspirante.
La lección no es que Jordan fuera reemplazable. La lección es que Pippen fue extraordinario. No fue solo un compañero de lujo que viajaba como copiloto en una dinastía. Fue una superestrella de franquicia que sacrificó voluntariamente sus números y su protagonismo cuando Jordan regresó.
En todo caso, 1994 debería elevar a Pippen para siempre en el debate histórico. Demostró que cuando le entregaron las llaves sin aviso previo, no se inmutó. Condujo el coche como si lo hubiera sido desde el principio.