06/17/2026
Durante mucho tiempo pensé que mi problema era que no podía dormir.
Me acostaba cansado, apagaba la luz y cerraba los ojos...
pero mi cabeza seguía trabajando.
Repasaba conversaciones.
Pensaba en cosas que podían salir mal.
Intentaba encontrar respuestas para problemas que ni siquiera habían ocurrido.
Y aunque mi cuerpo estaba en la cama, mi mente seguía intentando controlar el mañana.
Hasta que Dios me mostró algo que cambió mi manera de terminar el día:
La preocupación es el intento de cargar algo que nunca me correspondió sostener.
Y fue precisamente a raíz de mis propias luchas que nació la misión que hoy tengo: ayudar a personas emocionalmente agotadas a encontrar paz, dirección y conexión con Dios.
Por eso quiero compartir contigo una práctica sencilla que hago cuando mi mente no para:
Antes de dormir, tomo una hoja y escribo todo lo que me preocupa.
Después hago una oración simple:
"Dios, esto es lo que hoy pesa sobre mi corazón. Ya hice lo que estaba en mis manos. Lo que no puedo controlar, hoy lo pongo en las tuyas."
Y algo cambia dentro de mí.
Porque descanso no es quedarme dormido.
Descanso es recordar que Dios seguirá cuidando de aquello que me preocupa mientras yo duermo.
💛 Si esta noche vas a intentarlo, escribe: "Hoy lo entrego".