07/01/2026
“Al menos los tuyos están bien” me dijo una persona que me pasó un mensaje para saber de mis padres en Venezuela.
“Los míos NO están bien” le dije. Porque los míos TAMBIÉN son esas personas que han perdido la vida, aquellos que han sido rescatados, los que perdieron a un familiar, los niños y las mascotas atrapadas, y los que han logrado rescatar. Todos los que se quedaron sin casa o su casa fue afectada de una manera u otra.
Los míos también son esos que, con lo que han podido, escarban entre los escombros buscando a sus familiares, amigos, vecinos. Los que lloran allí enfrente de los edificios hechos pedazos esperando escuchar noticias de un milagro.
Los míos también son los periodistas incansables que apenas si logran comer y dormir para cumplir con el deber sagrado de informar, entre ellos mi gran amiga de vida a la que admiro y respeto, y quisiera abrazar.
Igualmente, es de los míos la señora que prepara la arepa para los rescatistas y afectados, el motorizado que lleva y trae donativos. Los vecinos organizados que buscan cómo ayudar.
Y los míos también son los que estamos afuera del país con unas ganas enormes de estar allí, ayudando, abrazando, conteniendo.
Los míos son todos. ¡TODOS!
Porque compartimos una patria, nacimos bajo un mismo cielo y en medio de una cultura vibrante. Compartimos una manera de ser que nos caracteriza donde quiera que vamos, una resiliencia que muchos admiran.
Pero, ¡esto sí que nos golpeó duro!
Es un dolor que no se puede describir. Es un dolor que no va a pasar, así por así, porque duele adentro, muy adentro. No volveremos a ser los mismos, ni los de adentro, ni los de afuera. Esto nos marcó para siempre.
No puedo pensar en la enseñanza que esto nos vino a dejar. NO PUEDO. Estoy nublada por la tristeza, la rabia, la impotencia. Quiero llorar y gritar. Solo quiero estar allí. ¡Cómo me dueles Venezuela!
Papito Dios, en tus manos estamos. Te pido que nos enseñes qué es lo que debemos aprender de esto. 🙏🏼