17/05/2026
LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 6
Antes de continuar con el relato de mis primeros pasos como tenista, compitiendo en campeonatos nacionales y centroamericanos representando a El Salvador, quiero agradecer a la comunidad internacional del tenis por sus comentarios y felicitaciones por los LUNES DE ANÉCDOTAS. Tanto tenistas, entrenadores y cuerpos técnicos de El Salvador, Centroamérica y diferentes partes del mundo me han hecho llegar sus saludos y apoyo por la idea de dar a conocer los pasos como profesionales de Marcelo y míos, ya que también significa destacar el desarrollo del tenis en nuestro país como una forma efectiva de promover el interés de las nuevas generaciones por este deporte. De manera que muchas gracias a todas y todos.
Retomo ahora el relato de mi integración al grupo de niños, adolescentes y jóvenes que competía en los campeonatos nacionales y representaba al país en los torneos centroamericanos.
El entrenador inicial que nos destinaron era Carlos Arias, conocido en sus años de jugador como “El Perico”, y yo de cariño lo llamo Charly. Unos años más tarde estuvo en los Estados Unidos y luego regresó al país. Recordando aquellos primeros días en el Polideportivo, alrededor del año 1994, el grupo era muy bueno y altamente competitivo. Recuerdo algunos integrantes de la selección mayor de aquellos años: Manuel Tejada, Miguel Merz, Ingrid González —la mejor jugadora salvadoreña de esos años—, José Baires y toda una generación de grandes jugadores que también formaban parte de los equipos nacionales.
Entre los niños de ese grupo, que también eran mis rivales en competencias locales, se encontraban Ricardo Cuéllar, Jaime Cuéllar, Klaus Falkenberg, José López, Mauricio Arrieta, los hermanos Aaron y Jordán Hernández —de una familia española—, Claudia Argumedo, Elizabeth Brito, las hermanas Duarte, que eran de San Miguel, F**d y Felipe Catán, los hermanos Andreu y Francis Girón, Erick Lindo, entre otros.
Con todos los chicos y chicas compartíamos las clases, los entrenamientos y los torneos nacionales. Los integrantes del equipo que representaba a El Salvador en los Centroamericanos viajábamos juntos y acompañados por nuestras familias. Estos torneos se llevaban a cabo aproximadamente cada tres meses en Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá y El Salvador.
Por nuestra parte, junto con toda la familia, íbamos todos aquellos años al Abierto de Miami. Como he dicho antes, era una experiencia inolvidable y muy importante para mí porque regresaba más motivado para entregar mis mayores deseos y esfuerzos al tenis. Lo mismo ocurría con Marcelo, quien se sentía inmensamente feliz viendo jugar a las grandes figuras del circuito mundial y con enormes deseos de aprender y practicar este deporte.
En el tenis normalmente tienes un año bueno y otro no tan bueno en resultados cuando eres niño. Por ejemplo, cuando tienes 9 años juegas tu primer año en la categoría de 10, y eso te pone en desventaja porque enfrentas a niños mayores que tú; a esas edades, un año hace mucha diferencia.
En mi caso, durante mi primer año en cada categoría normalmente terminaba en segundo lugar, pero luego, en mi último año en la categoría de 10 años, me convertí en campeón nacional. Jaime Cuéllar, que era un año y medio mayor que nosotros, nos ganaba el primer año con gran facilidad, y en mi último año de la categoría mi gran rival era Ricardo Cuéllar, “Ricky”, el hermano menor de Jaime.
Ese mismo año, en 1996, quedé campeón de Centroamérica en la categoría de 10 años. A finales de ese año fui premiado por INDES y por Industrias La Constancia con el famoso reconocimiento de aquellos tiempos: El Águila de Plata.
Recuerdo que algunos compañeros de equipo me preguntaban en tono de burla:
“Hey Rafa, ¿y en Sonsonate hay teléfono y cable?”
Hoy esto se identifica como bullying, pero recuerden que yo venía de tratar con cobradores y motoristas de autobuses, de entrar en contenedores de barcos en el puerto de Acajutla cuando llegaban pedidos del negocio de mi padre. Ya jugaba fútbol y basketball contra otros colegios y escuelas de Sonsonate, así que esas burlas realmente no me impactaban. Claro, varios de mis compañeros estudiaban en los mejores colegios de San Salvador.
A los niños de hoy es importante formarlos de manera que aprendan a defenderse solos. Deben conocer un poco la calle, porque la vida, cada vez que puede, intenta pasarte por encima y ahí no estarán papá y mamá para solucionar los problemas.
El deporte es el gran amigo en la formación integral de un niño y de un adolescente. Y el tenis, por sus cualidades y características, lo considero el deporte que más aporta a esa formación.
Después de estos logros siguieron llegando más horas de entrenamiento, más entrenadores y más retos. Por eso hoy, desde la institución que presido, fortalecemos cada vez más los eventos internacionales, porque conozco de primera mano el impacto positivo que esto genera en niños y adolescentes.
En próximos Lunes de Anécdotas les seguiré contando más momentos de nuestra vida en el deporte, las batallas por llegar al tenis de élite y todo lo que encontramos en el camino.
Hasta el próximo Lunes de Anécdotas.