25/07/2026
**Editorial | Cuando un equipo desaparece, una comunidad pierde mucho más que un uniforme**
El fútbol federado en La Libertad vive uno de los procesos de transformación más importantes de los últimos años. El cambio administrativo de ADFA hacia REDDFUT ha traído consigo nuevas reglas, nuevos retos y un escenario que ha obligado a muchos equipos a replantear su futuro en muy poco tiempo.
En el caso de **UD Santa Marta**, esta transición significó prácticamente comenzar de nuevo. Más del 70 % de nuestra plantilla causó baja debido a los nuevos lineamientos, obligándonos a emprender una renovación casi total del equipo. Lejos de desanimarnos, decidimos convertir este desafío en una oportunidad para abrirles las puertas a nuevos talentos.
Hace unas semanas realizamos visorías en Lourdes Colón. La respuesta de la juventud superó nuestras expectativas: **más de 100 jóvenes** llegaron con un mismo sueño, vestir los colores de Santa Marta y demostrar que el talento existe cuando se crean los espacios adecuados. Después de un exigente proceso de evaluación, **15 jugadores** continúan entrenando con el primer equipo y luchando por un lugar en la plantilla que representará a nuestra comunidad.
Mientras avanzamos en la preparación deportiva, seguimos a la espera de las bases de competencia oficiales por parte de REDDFUT. La información compartida hasta el momento nos ha permitido trabajar con responsabilidad para llegar preparados cuando se publique la normativa definitiva. Todo apunta a que el torneo iniciará el **15 de septiembre** en el departamento de La Libertad, con el período de inscripción habilitado a partir del **1 de agosto**.
Pero este editorial no pretende hablar únicamente de reglamentos o calendarios.
Quiere hablar del verdadero valor que tiene un equipo federado para una comunidad.
En los últimos meses hemos recibido noticias de cantones y colonias donde sus equipos ya no continuarán participando. Cada vez que un equipo desaparece, no solo se pierde una institución deportiva; **se les cierra una puerta a aproximadamente 25 jóvenes** y se debilita todo un entorno social que gira alrededor del deporte: familias, voluntarios, patrocinadores, aficionados y líderes comunitarios.
Es cierto que la implementación de la categoría Sub-23 ha reducido las oportunidades para muchos jugadores mayores. Es una realidad que merece ser analizada. Sin embargo, esa situación no debería convertirse en la razón para condenar a comunidades enteras a quedarse sin un proyecto deportivo.
Porque un equipo de fútbol no solo enseña a competir.
Enseña disciplina cuando hay que entrenar aun sin ganas.
Enseña responsabilidad cuando un compañero depende de ti.
Enseña sacrificio cuando el esfuerzo de hoy construye el resultado de mañana.
Enseña trabajo en equipo cuando el éxito deja de ser individual.
Enseña identidad cuando un joven aprende a representar con orgullo el nombre de su comunidad.
Las estimaciones indican que **alrededor de diez equipos federados podrían desaparecer en La Libertad**. Eso representa cientos de jóvenes con menos oportunidades para desarrollarse en un ambiente sano.
Mantener un equipo vivo requiere inversión económica, pero también exige algo mucho más valioso: tiempo, compromiso y un genuino deseo de servir a los demás. Detrás de cada entrenamiento hay personas que entregan horas de su vida para que otros puedan crecer.
Por eso, desde Santa Marta queremos hacer un llamado.
A quienes por diferentes circunstancias decidieron dar un paso al costado, los invitamos a reconsiderar su decisión. El fútbol de nuestras comunidades necesita personas dispuestas a construir, incluso en tiempos de incertidumbre.
Y a quienes desean servir, los invitamos a sumarse. No únicamente para apoyar a un equipo de fútbol, sino para respaldar a la siguiente generación de jóvenes que necesita espacios donde encuentre identidad, disciplina, amistad y esperanza.
El deporte sigue siendo una de las herramientas más poderosas para prevenir la violencia, fortalecer valores y ofrecer alternativas reales a nuestra juventud. Cada entrenamiento puede convertirse en un círculo de influencia positiva; cada partido, en una oportunidad para cambiar una historia.
La Escritura nos recuerda: **"No os engañéis: las malas compañías corrompen las buenas costumbres"** (1 Corintios 15:33).
Nuestro desafío como sociedad es crear más espacios donde las buenas compañías formen el carácter de nuestros jóvenes, donde existan mentores, entrenadores y líderes que les demuestren que sí hay otro camino.
Que el fútbol siga siendo mucho más que un resultado.
Que siga siendo una escuela de vida.
Porque cuando invertimos en nuestros jóvenes, no solo fortalecemos un equipo: fortalecemos el futuro de toda una comunidad.
Melvin Pérez
Santa Marta