18/11/2018
Estrictamente hablando, Bobby Fischer no fue un niño prodigio como lo fueron José Raúl Capablanca, Samuel Reshevsky o Arturo Pomar. Su desarrollo al principio fue más bien lento. Hasta los trece años no comenzó a despuntar como un jugador de capacidad superior; antes de esa edad no se apreciaban en sus resultados y su calidad de juego signos de extraordinario talento ajedrecístico. Es exacta la aseveración del árbitro internacional español Pablo Morán en el sentido de que «Como niño prodigio no fue muy brillante; en cambio, como adolescente prodigio no ha tenido parangón en la historia del ajedrez».
Fue hijo de la enfermera suiza Regina Wender, inteligente y políglota, y del físico de origen alemán Hans-Gerhardt Fischer, aunque existe controversia respecto de si este último fue el padre biológico de Bobby, pues Regina y Hans-Gerhardt no vivían juntos desde 1939. Se considera casi seguro que su padre biológico fue el físico húngaro Paul Nemenyi, dotado de asombrosa inteligencia de tipo matemático. En cualquier caso, Regina y Hans-Gerhardt no obtuvieron el divorcio hasta 1945; Bobby, que entonces tenía dos años, quedó, junto con su hermana mayor Joan, al cuidado de su madre. En 1949 Regina se trasladó con sus dos hijos a Nueva York, a un pequeño apartamento en Brooklyn. Fischer aprendió a jugar ajedrez por sí mismo a la edad de 6 años,a partir de las instrucciones que venían en un estuche con diversos juegos que le regaló su hermana. Su afición por el ajedrez fue aumentando hasta llegar a la obsesión; su madre, preocupada, le llevó a la consulta de un psiquiatra pero la actitud del chico no varió. En enero de 1951, gracias a un anuncio en el periódico, Bobby participó en una sesión de simultáneas contra el maestro Max Pavey; esa fue su primera aparición pública como ajedrecista, y aunque perdió le sirvió, según confesión propia, para seguir esmerándose en ajedrez. El presidente del Brooklyn Chess Club, Carmine Nigro, fue su mentor de ajedrez, le enseñó los fundamentos de la estrategia y le introdujo en el mundo del ajedrez de competición.
En 1955 ingresó en el Manhattan Chess Club y participó por primera vez en el Campeonato Junior de Estados Unidos, finalizando en décimo lugar. Un año después, en Filadelfia, conquistaría el título juvenil, ganando ocho partidas, empatando una y perdiendo otra. Poco después de esta victoria, Fischer abandonó la Erasmus Hall High School a los 16 años para dedicarse por completo al ajedrez; aducía que estudiar era una pérdida de tiempo. Sus profesores le recordaban como un muchacho difícil. Probablemente tenía un coeficiente intelectual alto (tal vez de 187), aunque era asocial. En 1956, John Collins, que había sido tutor de otros jugadores sobresalientes como Robert Byrne y William Lombardy, le aceptó como alumno. En algunas ocasiones se ha descrito a Collins como una figura paterna para Fischer.
Sobre su partida con Donald Byrne, conocida por algunos como la «partida del siglo» en 1956, el doctor Max Euwe, campeón del mundo entre 1935 y 1937, comentó: «Que un renombrado maestro se confíe demasiado ante un jugador joven en pleno progreso, y sufra por ello una seria derrota, no tiene en sí nada de particular, y en la historia del ajedrez se registran bastantes ejemplos. Mas lo que no sucede todos los días es que un escolar de trece años supere francamente en la combinación a uno de los mejores jugadores de Estados Unidos. Las combinaciones de Fischer no son particularmente profundas, aunque tampoco evidentes».
Cuando Bobby tenía 17 años su madre le abandonó, dejando solo a su hijo en el apartamento de Brooklyn, entregado totalmente al ajedrez.