29/07/2023
Un Tata...
En todos lados; en el patio de su casa, en las calles o en el club Provincial (al frente de su vivienda) jugaba al fútbol Gerardo Martino, el Tata como alguien ya le había puesto en algún lugar que a su corta edad demostraba tener condiciones. Al verlo, un árbitro del baby lo invitó a Newell’s. Empezó en la Lepra con 12 años, en el 74’, justo en el año que Ñuls se coronó campeón por primera vez en su historia con el recordado gol de Mario Zanabria. El título le dio la posibilidad al conjunto rosarino de participar de la Copa Libertadores y los dirigentes armaron un grupo de pibes, entre ellos Martino, para que jueguen como exhibición de manera previa a los encuentros. El Tata empezaba a experimentar sus primeros grandes momentos.
Con 16 años lo citaron a la 3° División, pero en 1979 suspendió la práctica de fútbol para terminar el secundario tal como había acordado con sus padres. Cuando volvió a los entrenamientos coincidió con el tradicional viaje de estudios, pero él no acompañó a sus compañeros porque el técnico Luis Cubilla lo había convocado para la primera. Debutó en 1980 y tuvo sus primeros minutos ante Platense reemplazando nada más ni nada menos que a Américo Rubén Gallego. En el 81’ participó del Mundial juvenil de Australia y por representar a la Argentina perdió la continuidad en el primer equipo del Rojo y Negro.
Al año siguiente, en el 82’, el entrenador Juan Carlos Montes le dio la titularidad al joven que por aquella época tenía 19 años y que a lo largo de esos años mutó su posición de volante central a ofensivo. Así fue transformándose en hombre, siendo el conductor del equipo. El Tata empezaba a moldearse y junto a él un nutrido grupo de juveniles (Gabrich, Llop, Scoponi, Pautaso, Bianco, Almirón, Desotti y el Yaya, entre otros) que se mantendrán unidos en un proceso que alcanzarán la gloria, años después, con la obtención del campeonato de 1987/88. Ese, además, será un punto de partida para un camino de éxitos que se prolongará hasta el 92'.