10/03/2026
Hoy encontré mi dobok guardado en el fondo del clóset…
Aún tiene marcas de entrenamientos, de competencias, de caídas… y de sueños.
Han pasado años desde la última vez que pisé el dojang, desde la última vez que escuché el sonido de los petos chocando o el kihap llenando el lugar.
La vida siguió… trabajo, responsabilidades, otros caminos.
Pero hay algo curioso:
el taekwondo nunca se fue de mí.
Sigo haciendo reverencia cuando entro a un lugar donde se entrena.
Sigo emocionándome cuando veo a alguien ponerse un dobok por primera vez.
Y en el fondo de mi corazón… sigo siendo ese alumno que quería patear más alto cada día.
Tal vez ya no compito.
Tal vez ya no entreno como antes.
Pero el respeto, la disciplina y el espíritu que el taekwondo me enseñó…
eso lo llevo conmigo para toda la vida. 🥋