03/06/2026
La sensación de no tener valor era abrumadora. Pensaba que, si las personas que se suponía que me amaran no lo hacían, entonces yo no debía valer nada.
Durante ese periodo tan difícil de mi vida, llegué a intentar quitarme la vida. Tenía apenas 12 o 13 años.
Es una realidad dolorosa que refleja cómo las heridas emocionales de la infancia pueden impactar profundamente nuestra percepción de nosotros mismos. Sin embargo, también es un testimonio de supervivencia, resiliencia y la posibilidad de sanar, incluso después de atravesar los momentos más oscuros.
Hoy, compartir esta historia es un recordatorio de que siempre hay esperanza, que pedir ayuda es un acto de valentía y que ninguna persona tiene que enfrentar su dolor sola.