22/03/2026
Con la noticia de la muerte de Chuck Norris, persona que admiré por su disciplina, tanto en las artes marciales como en el cine, me puse a reflexionar un poco. Me hice la siguiente pregunta: ¿Porqué nadie se pone triste cuando un ser humano respira, come o bebe? Tampoco cuando crece, se fortalece o cuando corre, camina o br**ca.
Ah, pero si nos entristecemos cuando otro ser humano se muere, lo cual es un proceso de vida tan natural y ordinario como todos los que describí antes.
¿Porque esto sucede? Muy simple.
Porque todos, o por lo menos una gran mayoría, padecemos de la misma condición de trastorno relacionada a una errónea percepción de nuestra esencia o realidad existencial. Nuestra mente nos tiene completamente convencidos de que existe algo con sustancia, permanente, que no cambia, que se llama “Javier Taigo Vazquez”, la idea obtusa, limitada e ignorante de quien yo soy. Estamos convencidos de que somos algo distinto y separado de todo lo que nos rodea y por lo tanto percibimos un proceso natural, vital y necesario como la muerte, que es tan ordinario como respirar, como un motivo de miedo, tristeza y sufrimiento. No entendemos que la única manera de trascender la muerte física, es cuándo aún estamos con vida, “Matar” al “YO” interno. El que también lo nombran como el “Ego”. El que nos “coge de pendejos” todos los días, a todas horas, a cada segundo, al hacernos creer de que existe tal idea de quienes somos.
“Spoiler Alert”, tal cosa no existe. Es una ilusión mental. Por eso los seres humanos que descubren ese hecho de forma experimental les dicen los que “despertaron” o “awaken beings”. O sea, despertaron del “sueño” de creerse algo que no eran. O sea, descubrieron que su percepción de su realidad existencial era totalmente ilusoria. Dicen los que saben de eso, que cuando eso ocurre, cesa el sufrimiento y la agonía mental permanente que produce el miedo a morir. Se comprende prístinamente que la muerte no es el final de nada, sino una transición a lo que éramos antes de nacer. Una energía cuántica concentrada regida por las leyes de las probabilidades.
Esto último no es una opinión mia o una particular vision filosófica. Es un hecho empírico comprobado. Véase la primera ley de termodinámica.
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