22/07/2026
"Horas antes de morir, Philip Workman pudo pedir cualquier comida. No quiso nada para él: pidió que una pizza vegetariana fuera entregada a una persona sin hogar.
Workman llevaba más de dos décadas condenado a muerte en Tennessee por el fallecimiento del teniente de policía Ronald Oliver, ocurrido durante el robo a un restaurante Wendy’s en Memphis en 1981. Su ejecución fue programada para la madrugada del 9 de mayo de 2007.
Como era costumbre, las autoridades penitenciarias le ofrecieron escoger una última comida. En lugar de pedir carne, postres o algún plato especial, solicitó una pizza vegetariana grande para una persona sin hogar que viviera cerca de la prisión de máxima seguridad de Riverbend, en Nashville.
Las autoridades rechazaron la petición. Explicaron que los recursos destinados a los reclusos no podían utilizarse para realizar donaciones. Aunque posteriormente una portavoz reconoció que tampoco existía una norma específica que impidiera cumplirla, la pizza nunca fue enviada.
Workman decidió no pedir nada para sí mismo.
Murió mediante inyección letal durante la madrugada. Sin embargo, la noticia sobre su petición comenzó a difundirse y provocó una reacción que las autoridades no habían previsto.
Personas que jamás habían conocido a Workman comenzaron a llamar a pizzerías y refugios. Una mujer llamada Donna Spangler reunió dinero con varios amigos y encargó 150 pizzas, valoradas en unos 1.200 dólares, para la Nashville Rescue Mission.
Poco después llegaron más.
La organización recibió alrededor de 170 pizzas. Otras fueron enviadas al Oasis Center, un refugio que atendía a jóvenes en situación de crisis. También se organizaron entregas en Memphis, Connecticut, Oregón y otros lugares de Estados Unidos.
No fueron las prisiones ni las autoridades quienes cumplieron la petición. Fueron personas comunes que escucharon la historia y decidieron que aquel deseo no debía desaparecer junto con el hombre que lo había formulado.
El gesto no borraba el delito por el que Workman había sido condenado ni el dolor causado por la muerte del teniente Ronald Oliver. Pero aquella última decisión reveló una contradicción difícil de ignorar: un hombre que estaba a punto de perder la vida había elegido utilizar su última comida para recordar a alguien que también había sido olvidado por la sociedad.
Philip Workman no llegó a ver una sola pizza entregada.
Pero horas después de su muerte, cientos de personas sin hogar comieron gracias a una petición que las autoridades habían considerado imposible.
Le negaron su último deseo.
Entonces, desconocidos de todo el país decidieron cumplirlo."
De "Datos históricos".