17/12/2025
La indisciplina que terminó pasando factura
Las palabras de Guillermo Enrique, dichas desde Argentina, terminaron confirmando lo que en Matute se comentaba en voz baja durante todo el 2025. Alianza Lima no perdió el campeonato solo por errores futbolísticos, sino por una serie de conductas internas que fueron debilitando al grupo. El exjugador fue sincero: hubo desorden y eso, en un club grande, siempre se paga.
En su análisis, Enrique marcó una diferencia clara con el fútbol argentino. Allá, el profesionalismo no se negocia: el que llega tarde, el que no se cuida o el que perjudica al equipo queda rápidamente señalado. En Alianza, en cambio, se repitieron situaciones que terminaron normalizándose: retrasos en entrenamientos, jugadores fuera de forma y expulsiones innecesarias en partidos clave. Casos como los de Quevedo, Trauco o Zambrano terminaron siendo parte de un mismo problema.
La consecuencia fue directa. Un plantel sin orden difícilmente puede sostener regularidad en una temporada larga. La exigencia diaria se diluyó y el equipo perdió solidez cuando más la necesitaba. Así no se campeona, por más nombres o historia que tenga el escudo.
La hinchada blanquiazul acompañó como siempre, pero también dejó claro su malestar. Porque a este plantel no le falta respaldo ni condiciones, le faltó responsabilidad. El mensaje rumbo al 2026 es firme: se acabó la tolerancia. No hay espacio para el relajo ni el sajiro.
En ese contexto se entiende la llegada de Pablo Guede. Y la pregunta vuelve a aparecer:
¿Era necesario traer a alguien de afuera para ordenar la casa?
La realidad indica que sí. Guede arriba con la misión de poner reglas claras, elevar la exigencia y cortar prácticas que no pueden repetirse.
Las declaraciones de Guillermo Enrique no solo explican por qué Alianza se quedó corto en 2025. También sirven como advertencia: sin disciplina no hay títulos. Y si el cambio tiene que empezar desde la mano dura de un técnico extranjero, es porque el problema llevaba tiempo sin corregirse desde adentro.