08/03/2020
"La ANSIEDAD de los padres por convertir a sus hijos en estrellas, el deseo de que el niño redima las frustraciones paternas y, muy especialmente, que se convierta en un salvavidas económico para todo su árbol genealógico provoca serias distorsiones en la actividad.
La escuelita de fútbol, que debe ser un espacio de diversión en niños de 8, 9 y hasta 12 años, TERMINA SIENDO UNA TORTURA PARA EL NIÑO.
Los padres van a cada entrenamiento, por supuesto también a los partidos, se paran a centímetros de la raya y comienzan a dar indicaciones, al margen de las del técnico, exigen al niño, lo presionan, protestan a los rivales, insultan al árbitro y, si el entrenador cambió a su hijo por otro jugador, lo critican por lo bajo. “Este no sabe nada hay que buscar a otro entrenador mejor”.
Una de las cosas más importantes cuando se trabaja con niños es saber diferenciar entre lo prioritario, que es la enseñanza, y lo accesorio, que es el resultado. Los padres y los entrenadores deben tener claro esto.
Los empresarios son la cereza del postre. Pululan ya en ese nivel y para asegurarse a los chicos desde los 7 u 8 años (caso contrario lo pierden), les ofrecen indumentaria, zapatillas, un viático y en algunos casos hasta un auto usado para el padre".
DT Luis Nuñez
"cualquier parecido a nuestra realidad, es solo coincidencia"