26/07/2025
Un día se me ocurrió enseñar fútbol…
No porque me creyera el mejor,
sino porque el camino que yo recorrí estaba lleno de luces…
pero también de sombras.
Tuve entrenadores de gran corazón, de esos que te marcan para siempre.
Pero también me topé con muchas cosas extrañas: abusos, gritos innecesarios, indiferencia, negligencia, mentiras disfrazadas de promesas.
Y ahí entendí que no quería ser uno más en ese sistema. Quería ser el cambio.
Quería crear un entorno donde el fútbol fuera un espacio de crecimiento, no de miedo. De disfrute, no de presión.
De sueños, no de frustraciones heredadas.
Mi única intención es que mis niños saquen un poco de ventaja y obtengan herramientas, que vayan más lejos, más rápido, más seguros… aunque el camino esté lleno muchas veces de basura.
Porque sí, hay mucha basura en el camino del fútbol: injusticias, favoritismos, egos, intereses que nada tienen que ver con los niños.
Pero aquí estoy. Y aquí estamos.
Para limpiar lo que podamos, para enseñar con el ejemplo y para recordarle a cada niño que este juego puede ser hermoso y honesto, si lo vivimos con verdad y con propósito.