El Lugar Del Pez

El Lugar Del Pez Busco compartir vivencias con las diferentes personas y situaciones que me ha tocado presenciar

02/03/2026

Cuando en 1985 el “Yoyo” y yo fuimos a probar fortuna al futbol profesional del Sur del Estado

UNA AVENTURA MÁS

Por Julián Rodríguez

“Nos va a ir mal, nos va a ir mal... nos va a ir mal”, repitió el “Yoyo” mientras fijaba su mirada en el ADO que iba enfrente de nosotros. ¿Y ora qué te pasa? Le pregunté.
“El número del camión es el 13”. ¿Y eso qué?, volví a cuestionarlo. “Pues que son la una de la tarde, es decir las 13 horas y ese número es la mala suerte, por eso digo que nos va a ir de la madre”.
Y es que Teodoro Cortés siempre ha sido supersticioso con los números (hasta la fecha), pero ciertamente no estaba tan lejos de la realidad.
Ese verano de 1985 abordamos un autobús que nos trasladaría a Minatitlán para probar fortuna en los equipos profesionales que allí había: los Átomos y los Astros, que en ese entonces participaban en la Segunda y Tercera División, respectivamente.
Recuerdo con claridad que llegamos por allí de las siete de la noche. El dinero era escaso, normal en dos chavos que no trabajaban y que en ese entonces pretendían vivir del futbol.
Tras hospedarnos en un modesto hotel salimos a dar una vuelta para comer algo. Cerca del lugar estaba un puesto de antojitos y consumimos ap***s un par de ellos para no malgastar el poco dinero que llevábamos.
Al día siguiente, entre semana, dejamos el lugar y acudimos a los estadios donde realizaban sus prácticas los equipos mencionados. Por allí de las cuatro de la tarde me dirigí al director técnico del equipo Astros para pedirle una oportunidad. Al acabar el entrenamiento el hombre platicó conmigo y fue franco al decirme que no pagaban, que sólo podían darme comida y hospedaje, por lo que no quise porque era lo mismo que había en esta ciudad.
Más tarde, el “Yoyo” encontró a un amigo que conoció cuando estaba con los Tiburones Rojos de Veracruz, cuando éste militaba en el balompié de la Segunda División.
Echando memoria me acuerdo que ese cuate nos llevó a la casa club que utilizaban los jugadores que no eran de Minatitlán. Luego de permanecer allí por unos minutos nos despedimos de él.
Sin opciones en la petrolera ciudad nos trasladamos a Coatzacoalcos, donde comenzó nuestro calvario, o el mío, mejor dicho, toda vez que no había casi nada de dinero, al menos no para comer.
Todavía llega a mi mente cuando el “Yoyo” me dijo: “vamos a echarnos una Pachita”. Con un hambre brutal porque no habíamos comido nada en todo el día le dije en tono molesto. tengo hambre, además me pueden regañar en mi casa. El “Yoyo” me miró fijamente y contestó “¿ya viste dónde estamos ca**ón? Tu mamá está en Xalapa qué madres te va a regañar”.
Finalmente, y como siempre me convenció. Fue a una tienda y compró una botellita de Bacardí Blanco y una Coca Cola y tras vaciarla en una bolsa de plástico le dio un jalón con un popote. “Aggghhh.. está buena” me dijo como para animarme a que hiciera lo mismo. Qué madres, sabía refeo, pero entre sorbo y sorbo nos la acabamos. pero me sorprendió que mientras yo ya estaba bien borracho, porque en ese tiempo no estaba acostumbrado a tomar, él andaba como si nada.... pi**he “Yoyo”, me la volvió a aplicar. Y es que él no tomó nada, sólo hacía la finta que le jalaba, mientras que yo sí me puse una guarapeta que hasta veía doble.
Posteriormente nos dirigimos a un sitio donde había algunos camiones. Ya era de noche y yo con los efectos del alcohol me fui a sentar a una vieja banca de cemento que había, mientras que él se subió a un camión cuyo letrero decía Xalapa.
“Ven”, me hacía señas desde el interior del “totolero”. Nel, le contesté con una seña, yo me quedo aquí, Y es que, recuerdo que pensé que si me subía al autobús iba a vomitar, por lo que ya no me moví.
Pero llegó el momento en que el chofer del autobús anunció que ya se iba y el “Yoyo” se bajó bien caliente porque no me subí. “Hijo de la chingada, me dan ganas de darte tus ´putazos”, me dijo en tono amenazante, a lo que contesté, tu ca**ón, para que me empedas.
“Órale ca**ón, párate, vámonos ya”, volvió a decirme. Yo le obedecí, y con paso vacilante porque el efecto de la bebida continuaba en mí, lo seguí.
Eran por allí de las 11 de la noche que caminábamos por calles de Coatzacoalcos. No se me olvida que mientras pasábamos por los negocios que había por esas calles el “Yoyo” tomaba impulso y me aventaba sobre las cortinas metálicas y se reía.
“Y ahora por pendejo vas a pedir aventones en la próxima gasolinera que encontremos”, me ordenó. Yo la verdad ya ni le decía nada, pues seguía entonado por la bebida.
Al llegar a una gasolinera el “Yoyo” se fue a recostar en un lugar donde había otras personas, tal vez indigentes, que también estaban durmiendo.
Pasaron varias horas y tras pedirle aventones a varios camioneros no conté con suerte.
Fui a donde estaba el “Yoyo”, quien dormía como un angelito, situación que me prendió y con la mitad del asiento de un banco de madera que estaba por allí lo azoté junto a su oído, haciendo que diera un salto, aunque el ruido despertó a las otras personas, que me dijeron de todo, por lo que mejor me retiré del lugar.
Más tarde el “Yoyo” metió las manos a sus bolsillos y sacó sus últimos recursos, que ap***s alcanzó para subirnos un camión que nos llevó a Acayucan.
Antes de subirnos le comenté que fuéramos a ver a su amigo de nombre Juan Parra, quien vivía en Acayucan, alguien que meses atrás lo invitó a jugar a ese lugar con un equipo de nombre Estrella Roja, pero ni me peló.
Cuando nos subimos al camión él ocupó un asiento de delante, mientras que yo me fui hasta atrás. donde pensé que el “Yoyo” iría a ver a su cuate Juan Parra para que nos hiciera el favor de darnos algo para regresar a Xalapa.
Sin embargo, cuando el camión se detuvo en Acayucan vi como el “Yoyo” se bajaba rápidamente, pero como yo iba hasta el fondo esperé que bajaran los otros pasajeros que iban frente a mí. Pero cuando al fin bajé del autobús, voltee hacia la izquierda y voltee hacia la derecha, pero el “Yoyo” ni sus luces. ¿Y ahora?, me pregunté mientras lo busqué por todos lados. Al “Yoyo” como si la tierra se lo hubiera tragado... ya no lo volví a ver, al menos, no ese día.
La última carta que tenía bajo la manga era buscar a su amigo Juan Parra. Y así lo hice. pero sólo tenía como referencia que era dueño de una zapatería, aunque yo me enfoqué más en decir que tenía un equipo de nombre Estrella Roja.
Pero pasaron como tres horas y nada, hasta que alguien me dijo “es allí”, y me señaló el local, el que precisamente estaba mero enfrente donde nos bajamos del camión.
Rápidamente acudí a dicho sitio, el que era atendido por una joven señora de pelo corto y que estaba vestida con una bermuda azul de mezclilla y una blusa beige. "Disculpe, aquí vive Juan Parra, le pregunté. “Si, pero se acaba de ir a Xalapa”. Ca**ón, pi**he n**o en la garganta que sentí porque era mi última opción para regresar a esta ciudad. Ni modo le tuve que hacer la chillona a la señora y le conté todo. ¿Y el Yoyo? preguntó, le contesté que no sabía a dónde se había metido. La verdad no sé si me creyó, pero por fin, y después de varios días de sufrimiento, una luz apareció en mi camino cuando la señora me dio dos mil pesos, cantidad que me sirvió para regresarme a esta ciudad. Le agradecí el apoyo que me brindó y me despedí de ella.
Y lo primero que hice fue dirigirme a un lugar para comer algo, ya que después de dos días no había probado bocado, por lo que fui al restaurante de un hotel del lugar, donde recuerdo, pedí un filete con papás, platillo que me supo a Gloria.
Más tarde fui a la central de autobuses y compré un boleto con destino a esta ciudad, donde llegué por allí de la cuatro de la mañana del día siguiente.
Por allí de las 10 de la mañana, ya en mi casa, llegó el “Yoyo” regañándome que lo había dejado, pi**he ojete, le dije, tú me dejaste ca**ón, pero no se la creyó, y hasta la fecha él tiene una versión, su versión de ese día, porque lo que yo estoy narrando así, tal cual, fue como la viví.
Hoy, a 41 años de esa otra aventura que viví con él, me sigo preguntando qué motivos tuvo para dejarme allá, y teniendo como antecedente lo que viví con él años atrás en el Distrito federal, cuando también estaba perdido, llegué a la conclusión que me quería hacer como esos dueños de los perros que ya no los quieren y los abandonan a su suerte.... ¡¡¡También me quería perder!!!. Jajajaja, no es cierto, pero francamente, él. y sólo él sabrá por qué lo hizo.
Pese a todo eso, fue en lo personal una gran aventura, de esas que se quedaron grabadas por siempre en mi memoria, como otras tantas que viví con él y que pronto, muy pronto contaré.

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ADIÓS CAPI De repente el chico se vio rodeado por al menos 20 sujetos que querían golpearlo. Sin miedo alguno el chamaco...
16/05/2024

ADIÓS CAPI

De repente el chico se vio rodeado por al menos 20 sujetos que querían golpearlo. Sin miedo alguno el chamaco de ap***s 15 años de edad se armó de valor y los enfrentó.
La superioridad numérica era notoria. Parecía una gacela en medio de feroces leones que lo querían devorar, pero el joven, al que después supe se llamaba Juan Manuel Capistrán, no se intimidó y antes que se abalanzaran sobre él sacó de entre sus ropas unos “chacos” y empezó a moverlos de una manera tan rápida y efectiva que nadie se le pudo acercar.
Fueron segundos de miedo paralizante, pero al ver un resquicio donde escapar, el llamado “Capi” salió huyendo velozmente, ante el asombro de los agresores que al ver que se les fue buscaron a otro de los amigos que había quedado en medio para desquitar el coraje.
Era el apodado “Tula”, quien al verse superado y evitar que fuera vapuleado retó a golpes a un alumno de la escuela “México”, como se dijera en esos tiempos “le pidió un tirito”.
Pero el joven de apellido Zavaleta no le atoró y azuzó a sus compañeros para golpearlo. A unos metros estaba el “Maracas” Enrique Galán, quien no corrió con mejor suerte, ya que al salir por piernas, un chico le puso una zancadilla y cayó, momento que aprovecharon los estudiantes para golpearlo salvajemente hasta dejarlo casi inconsciente y con el rostro sangrante.
Esa anécdota que les narro fue aproximadamente hace poco más de 40 años. Todo sucedió en Sayago esquina con Guerrero, donde se vieron involucrados tres jóvenes que vivían en esa calle y en Xicoténcatl.
Es como si lo hubiera vivido ayer. Como si el tiempo no hubiera corrido tan rápido, como si sólo hubiera cerrado mis ojos y al abrirlos me encuentro con este momento, hoy lamentable porque el “Capi” ha mu**to.
Las causas de su deceso no las sabemos, pero al final del cuento eso no importa, lo triste es que ya no lo veremos otra vez sentado fuera de ese lugar al que todos conocíamos con el nombre del “Bar de la Tía Clement”, el lugar que el mismo “Capi” atendió, el sitio que era frecuentado por su círculo de amigos, en ese local por el que desfilaron, decenas, cientos y miles de personas que gustaban sólo de platicar, contar sus anécdotas o mitigar sus p***s.
Ni hablar, la vida es así. Adiós “Capi”, descansa en paz.

Breve historia de niño Por Julián Rodríguez “Si le dices a tu mamá que te pegué, cuando se vaya a trabajar te voy a mata...
30/04/2024

Breve historia de niño

Por Julián Rodríguez

“Si le dices a tu mamá que te pegué, cuando se vaya a trabajar te voy a matar”... esa frase intimidatoria la llevo en mi mente a pesar que fue hace 54 años cuando me la dijo la ex mujer de mi hermano mayor.
No tenía alternativa, si hablaba, la amenaza la haría efectiva Alfonsina, nombre de la mujer que en ese entonces era mi cuñada.
Recuerdo que tenía siete años de edad, cuando mi niñez estaba a todo su esplendor, cuando la inocencia aún estaba en mí, cuando la maldad no existía y cuando los malos pensamientos permanecían muy apartados.
Esa tarde mi madre regresó de trabajar. Nos hizo de comer y nos sentamos alrededor de la mesa. Mi mamá vio algo extraño en mí y me preguntó “¿Que tienes?... Nada, le respondí mientras agachaba la cabeza. Doña Gloria, como así se llamaba mi madre, sabía que algo estaba mal y me dijo, “tú tienes algo, dime qué te pasó”. Y mientras le decía otra vez que nada voltee a ver a mi cuñada, quien me lanzó una mirada amenazante que hasta la fecha la recuerdo porque es uno de los peores momentos de cuando era niño.
Fueron tiempos de terror, una era en que las golpizas eran mi pan de cada día. Cualquier pretexto usaban para pegarme, cualquier argumento era bueno para que desquitaran su coraje en mi a cinturonazos y palazos. La verdad fue un auténtico in****no el que viví a esa corta edad. Lo peor es que no podía defenderme, la impotencia era total y el temor enorme.
Pero un día todo eso se acabó. La maltratadora terminó por separarse de mi hermano; las causas: se dio un agarrón en plena calle con mi papá, quien a sus casi 70 años logró someterla.
Ese fue el principal motivo para que mi hermano la desalojara de nuestra casa, sin embargo, antes de irse y aprovechando que nadie estaba en ella destrozó todo cuanto pudo, de hecho, cuando llegamos parecía que en el interior había pasado un huracán.
Esta breve historia no la escribo para hacerme la víctima ni para que me digan ¡ay pobrecito cuánto sufrió! Narro ese pasaje porque a la par de eso fui un niño feliz, ya que hice lo que quise, anduve siempre acompañado por mis amigos de infancia por todos los rincones de esta ciudad, por lugares apartados que eran los sitios prohibidos por nuestros padres por la lejanía de los mismos.
Pero eso no fue impedimento para que con el “Ney”, los Aburto, el Lupillo, el Mateo y su hermano Raúl, el “Mantecas” asistiéramos a nuestros sitios de preferencia como El Seminario, Coapexpan, El Paso, Los Tecajetes, Consolapa, Los Cubos y el Salto del Gato, allá por la Estación, entre otros.
La verdad fue una niñez, aunque fugaz, muy hermosa. La diversión fue total, claro está que al regresar a nuestros hogares los regaños no se dejaron esperar porque nos íbamos por horas y horas, ya sea a “pescar” los famosos camarones llamados “burros” o a nadar.
Las llamadas de atención de nuestros padres eran comunes, pero merecidos porque casi nunca pedíamos permiso y, aún así, lo seguíamos haciendo.
Y qué decir que en nuestra calle Rafael Ramírez también nos divertíamos ya sea jugando canicas, beisbol, futbol y la ya inexistente “piedra cargada”, además de la “burra tamalera” y “burra 16”, los “encantados”, el “Tejo” y toda esa actividad que de alguna manera nos fue formando para enfrentar nuestras vidas.
Hoy recuerdo todos esos bellos momentos y llenos de alegría. Por eso estoy convencido que los malos ratos sufridos fueron sustituidos por todas esas aventuras y travesuras que tuvimos e hicimos en nuestra infancia, porque nunca esperábamos un 30 de abril para que nos lo celebraran, pues cada día era una auténtica fiesta, porque a cada día dábamos rienda suelta a esa emoción que hoy a mis 61 años, estoy convencido, jamás cambiaría, y aunque mi piel se ha marchitado al correr de los años mi corazón y mi espíritu siguen y seguirán siendo de un niño.

¡Feliz día del niño!

Para quien no vio ni conoció la historia del Deportivo Chávez López. aquí se la presento. Crónica del título del Deporti...
25/12/2022

Para quien no vio ni conoció la historia del Deportivo Chávez López. aquí se la presento.

Crónica del título del Deportivo Chávez López
* En 1990 fue monarca en la extinta cancha “La Bodega” de la Estación
* Allí nació “La Abusadora”

Por Julián Rodríguez

Esa mañana del 16 de septiembre de 1990 me dirigí muy temprano a mi trabajo de agente de seguridad en el DIF Estatal, ubicado entonces en la avenida Miguel Alemán.
Mi pensamiento no se centraba en las labores de rutina que realizaría, sino en los juegos que sostendría con el equipo Deportivo Chávez López en el torneo llamado La Bodega”. Era la semifinal y si ganábamos jugaríamos más tarde la gran final.
Sinceramente pensé solamente jugar un partido o menos, ya que en mi centro de trabajo pediría la hora para comer e irme a la cancha. La distancia no era mucha y dije “por unos minutos que llegue tarde mis compañeros no me dirán nada”, pero cuando me disponía a entrar a laborar salió el encargado del turno de nombre Juan Carlos y me dijo algo que sonó como música para mis oídos: “regrésate a tu casa mi buen, te cambiamos de horario y entras mañana en la noche”.
Yo estaba contento porque jugaría la semifinal en ese torneo, en el cual por cierto sólo jugué algunos partidos para cumplir con el trámite de encuentros que requerían los directivos de la liga.
El partido de semifinal fue difícil, pero logramos ganar y avanzamos a la final, que se jugaría por allí de las cuatro de la tarde de ese mismo domingo.
Recuerdo que ese día jugué otro partido en la cancha de la escuela “Abraham Castellanos”, ubicada en la calle Vicente Guerrero, donde el profesor Armando Loranca llevaba las riendas del certamen llamado “Emiliano Zapata”.
Cuando regresé a “La Bodega” me hallé con una sorpresa nada agradable, ya que todos los integrantes del plantel festejaron antes de jugar la final y andaban medios alegres, la caña los puso demasiado contentos.
Pero francamente debo reconocer que todos los elementos de ese equipo sustituyeron sus defectos con la entrega en cada jugada dentro de la entonces tradicional canchita ubicada a un costado de la estación de Ferrocarril.
Los del Gráfico de Xalapa, un duro rival en el que jugaba el famoso delantero José Manuel López, el “Batata” iniciaron ganando y mantenían un claro dominio sobre nosotros.
En la segunda mitad Chávez López puso el 1-1 con un soberbio gol del “Pelé”, que sin ángulo alguno y quién sabe de dónde sacó un rayo de su tenis izquierdo para dejar viendo visiones al portero rival.
Yo por mi parte estaba bien “pelado”, pues el defensa que me marcó me secó casi todo el partido, incluso el “Gaude”, quien dirigía al equipo me dijo así: “Vas a salir Pez porque no le has hecho nada al Zapuca”. Le pregunté a quién iba a meter y me respondió: “al Chivo”, pero al voltear a ver quién me sustituiría me di cuenta que el hombre estaba bien “reventado”, tanto por el esfuerzo que dio en el terreno de juego como por la cantidad de cañita que había consumido.
“Aguanta Gaude, dame chance, sé que una le voy a hacer a ese ca**ón”, casi le imploré al DT, quien la verdad no sé por qué me dio otra oportunidad y es que francamente en ese partido el famoso “Zapuca”, Hilario Fernández, me enfrió casi todo el partido, no me dejaba ni a sol ni a sombra, era prácticamente una estampilla.
Pero a casi tres minutos del final vino lo inesperado, tal vez lo impensable. Mi “custodio” el “Zapuca” se descuidó un momento y me dejó un breve espacio, una rendija, un resquicio que debía aprovechar porque fue la única ocasión en todo el juego que estuve frente a frente ante él, en el mano a mano.
Así es que atrás de la media cancha el hombre se me plantó y por más fintas que le hice nunca se movió, se veía que ya me tenía bien medido, fue entonces que vino a mí mente una jugada que bauticé como “La Abusadora”… y al tiempo que le dije “ya se ponchó el balón”, me agaché simulando que lo tomaría con las manos… el “Zapuca” se quedó como estatua y sólo alcanzó a levantar los brazos como pidiendo que el árbitro marcara la mano, sin embargo nunca lo agarré y adelanté el esférico con el pie derecho, di tres pasos y solté un disparo que debido a la sorpresa dejé sin oportunidad al arquero del Gráfico de Xalapa, quien no atinaba a comprender qué había sucedido mientras observaba cómo se movían las redes de su portería ya vulnerada.
La jugada fue tan extraña y tan rápida que todos los allí presentes que se congregaron en los alrededores de la cancha callaron, mientras que yo festejaba. Nadie gritaba, nadie decía nada, podría asegurar que el tiempo "se detuvo por unos instantes”, incluso el árbitro Alfredo Hernández, el “Zota” se quedó inmóvil con el silbato en la boca, pero varios segundos después “despertó” y pitó para dar por bueno el gol, provocando que nuestros seguidores saltaran de alegría por el extraño tanto.
Francamente esa jugada la he realizado infinidad de veces, pero ese gol jamás lo volví a repetir, fue único y especial, sobre todo porque fue el que le dio el único título al Deportivo Chávez López.
Por cierto, este conjunto no tenía jugadores de renombre, todos eran surgidos del barrio, pero tenían algo en común: coraje y entrega, como el “Gato”, un arquero que hacía honor a su apodo porque tenía reflejos felinos, y qué decir de los defensas “Gaude” y “Chucky”, ambos chaparritos con no más de 1.60, de estatura, pero con un corazón tan grande que sustituían toda fuerza por inteligencia, casos similares eran el “Pelé”, “Moi”, “Molote” y el “Chivo”, aunque los últimos dos desafortunadamente ya se nos adelantaron en el camino, al emprender el viaje sin retorno.
Hoy todos los demás son gentes de bien, trabajadores, dedicados y entregados a sus familias, pero hay que reconocer que en aquellos ayeres cuando la juventud les sonreía, eran además de garra, corazón, coraje y todo pundonor, bien mariguanos… ¡Hasta yo!

15/11/2021

Luchó contra Perro Aguayo, Dr. Wagner, Canek y su archienemigo local fue el Asesino Negro

17/10/2021

OJO AGUAS POTABLES

Vecinos de la calle Betancourt, entre Ávila Camacho y Úrsulo Galván han mostrado su molestia por la fuga de agua que se da desde hace días a la altura de la casa marcada con el número 6. sin que hasta el momento la autoridad correspondiente haga algo por controlarla. Estaremos pendientes

MAL AÑEJO Uno de los arcos del Puente Xallitic presenta una filtración que ya tiene mucho tiempo, sin embargo, las autor...
17/10/2021

MAL AÑEJO

Uno de los arcos del Puente Xallitic presenta una filtración que ya tiene mucho tiempo, sin embargo, las autoridades no han tomado cartas en un asunto que ya se torna delicado. Veremos.

Adiós Doña Carmen Tovar Arias, la reina  del pagrocinio en el futbolito xalapeño  Falleció hoy la fundadora del Catoari ...
12/10/2021

Adiós Doña Carmen Tovar Arias, la reina
del pagrocinio en el futbolito xalapeño

Falleció hoy la fundadora del Catoari

Por Julián Rodríguez

“Chaparro ven a poner a este ca**ón en su lugar”, gritó una enojadísima doña Carmen Tovar Arias a don Miguel García, su esposo en aquel 1988, luego que cierta ocasión, cuando viví por un par de meses en su casa de la calle Jesús Carranza, no acaté una indicación y en lugar de traerle su mandado me fui a echar una cáscara a Los Tecajetes.
Doña Carmen, fundadora, patrocinadora, alegría y alma del ya legendario equipo Catoari era una persona diferente, especial que le tendió la mano no sólo a los futbolistas, sino a mucho joven que por alguna u otra razón no tenía un hogar establecido y además de ofrecerles un espacio donde vivir les daba trabajo en su negocio de tortas, tacos y hot dogs.
Anécdotas de doña Carmen hay miles porque quienes convivimos con ella en algunos viajes a Querétaro y en peregrinaciones a San Juan de Los Lagos, Jalisco, la conocimos a la perfección. Era una Diva, una Doña en toda la extensión de la palabra, acostumbrada a dar órdenes, y de aplicar sólo su ley, era uno de sus muchos atributos que la caracterizaban, pero que no a muchos gustaba.
Se identificaba por su alegría, por su don de gente y qué decir cuando la invitaban a alguna fiesta, bailaba a todos los jóvenes del Catoari que llevaba. Aunque su sonrisa siempre estaba en su rostro, había gestos de dureza, sobre todo cuando alguien le llevaba la contraria o de plano la quería “chamaquear”.
A finales de enero y principios de febrero de 1989 Doña Carmen se jaló a varios jugadores para ir a la peregrinación de la Virgen de San Juan de Los Lagos, allá en Jalisco. René Olmos, Julián Mejía, Alejandro Vázquez, su hijo Javier García Tovar y yo fuimos los invitados de honor, en lo que personalmente puedo afirmar fue una experiencia jamás vivida con alguien, porque el caminar entre la carpeta asfáltica y campo traviesa no es fácil, mucho menos tratándose de varios cientos de kilómetros.
Hoy con mucho cariño recuerdo a doña Catoari, como así le decían muchos porque de su nombre sacamos el apodo de un plantel que con el correr de los años se volvió inolvidable, especialmente para quienes pudieron ver sus encuentros.
Pero también surge un sentimiento de tristeza porque este día Doña Carmen dejó este mundo terrenal, su alma de desprendió de su cuerpo para alcanzar otro plano, cumplir tal vez con un destino divino.
En la memoria de muchos que la conocimos queda aquella imagen de ella previa a cada partido del equipo en la Facultad de Economía, donde se armaba con tortas, jugos de naranja y refrescos para jugadores y aficionados que, a sabiendas que jugábamos, se presentaban para saborear todo, aunque a veces fueran sus mismos detractores.
Doña Carmen dejas un hueco difícil de llenar, no sólo en el terreno de la promoción de un equipo, sino como persona y como ser humano.
Dicen que cuando las personas mueren se vuelven leyendas, yo no lo creo, estoy convencido que Doña Carmen lo fue en vida y hoy se convirtió en una inmortal.
Adiós Doña Carmen, te vas de nosotros por un tiempo, de eso no hay duda, porque más tarde o más temprano te seguiremos, pero será para seguir disfrutando de lo que siempre nos ha gustado, del futbol, del deporte más bonito y maravilloso de nuestro mundo
Descansa en Paz doña Catoari, reina de reinas del patrocinio del futbolito xalapeño.
En esta fotografía del Catoari venos a Doña Carmen en la parte de arriba con una sonrisa que siempre la caracterizó.

HACE MÁS DE 30 AÑOS EN LA COLONIA CERRO COLORADO  Comió hongos alucinantes y  acabó con la vida de su mamá   Por Julián ...
01/10/2021

HACE MÁS DE 30 AÑOS EN LA COLONIA CERRO COLORADO


Comió hongos alucinantes y
acabó con la vida de su mamá


Por Julián Rodríguez

Ambrosio era un niño común de los años 70´s, allá en el barrio San Bruno.
No era como otros chiquillos de su edad, como el mismo “Frijol” que le gustaba echar la cáscara de futbol en las empedradas calles de la colonia Ferrer Guardia.
Y es que realmente al “Bocho” no se inclinó por el deporte, prefería estudiar y trabajar para ayudar a su madre y a su hermana, a las que siempre les decía que eran su orgullo, lo que más quería en la vida y su sueño era darles todo lo que ellas se merecían.
Es verdad que Ambrosio, a cierta edad, empezó a juntarse con amigos que tenían algunas preferencias en cuanto a ocios se refiere como fumar cigarro y quizá alguna droga, sin embargo, él nunca, hasta ese momento, probó sustancia alguna, sólo era una especie de compañía que se reía de una u otra cosa que dijeran en la “bola”.
Los años pasaron y él seguía el curso de su vida, de su destino y se dedicaba de lleno a su trabajo, su oficio, la albañilería, de donde sacaba para comer.
Sin lugar a dudas, Ambrosio era un hijo ejemplar, serio, sin vicios y enfocado a sus labores y a su sagrada familia, que por cierto vivía en una humilde casita ubicada en la calle Geranios de la colonia Cerro Colorado, precisamente a un costado de la ex Fábrica San Bruno.
Pero un día de hace más de 30 años, Ambrosio, quién sabe por qué, decidió comer unos hongos alucinógenos que alguien de la “flota” le dio. Dicen que tras varios minutos y al no sentir nada el joven se dirigió a su casa, sin saber que en cualquier momento le haría efecto la sustancia.
Y así fue, ya en el pequeño cuarto donde dormía comenzaron las alucinaciones, pero cuentan que su mamá abrió la puerta y él, cegado por la droga, la atacó hasta causarle la muerte. “Cuando entré a ver qué pasaba vi al hombre que miraba a la nada, tenía la mirada perdida y en su boca había cabellos y sangre... a mordidas mató a su mamá”, dijo uno de los vecinos que acudió al lugar al escuchar los gritos desesperados de la señora y su hija.
Ambrosio cumplió una condena de varios años en el penal de Pacho Viejo, luego salió y nadie supo de él. Nunca regresó a la casa donde sucedieron los trágicos hechos.
Cuentan que cierta ocasión lo vieron deambular por las calles de esta ciudad; caminaba sin rumbo fijo, con la mirada puesta al infinito, comiendo cualquier alimento que le regalara un alma caritativa, prácticamente un indigente.
Y así murió, en la más tristes de las soledades, tal vez a la espera de un perdón que en esta tierra y quizá en el cielo nunca se dio por haber sido el que acabó con quien le dio la vida.
Hoy sólo quedan ruinas de esa casa desolada, abandonada y carcomida por la humedad, las hierbas y el tiempo, pero surgen los malos recuerdos y en ese sitio se respira un aire extraño, tal vez a soledad, tal vez a muerte... quizá a las dos.
En las gráficas aparece Ambrosio cuando era pequeño y el lugar donde sucedió la tragedia.

Puro Toque es el nuevo campeón del  futbolito sobre césped Gotcha-Eagles  Por Julián Rodríguez Puro Toque es el nuevo ca...
28/09/2021

Puro Toque es el nuevo campeón del
futbolito sobre césped Gotcha-Eagles


Por Julián Rodríguez

Puro Toque es el nuevo campeón del
futbolito sobre césped Gotcha-Eagles

Por Julián Rodríguez

En una auténtica fiesta futbolera, el poderoso equipo Puro Toque se impuso 1-0 a Osos y se proclamó digno campeón del 35 torneo de futbolito sobre pasto Gotcha-Eagles.
Al silbatazo inicial del árbitro, jugadores de ambos conjuntos salieron a darlo todo, sin embargo, en los primeros minutos Puro Toque anotó el gol que a la postre se convirtió en el de la victoria.
El tanto fue obra de Osvaldo Díaz, quien fuera del área se sacudió la marca de un rival con una “bicicleta” y de zurda sacó un riflazo que dejó sin oportunidad al arquero de Osos, ante la algarabía de sus muchos seguidores que se colocaron alrededor de la canchita ubicada en plena reserva de Xalapa.
Lo que se vino después fue un partido lleno de emociones, de garra y coraje que imprimieron los protagonistas.
Osos tuvo varias oportunidades para darle la vuelta al marcador, pero en la jugada final sus jugadores la fallaron frente al portero, ahogándose el grito del gol en las gargantas de sus fanáticos.
Así, con el correr de los minutos, el central Moisés Castilla, el “Araña”, de excelente labor arbitral, dio por concluidas las acciones, al tiempo que los ahora monarcas celebraron a rienda suelta la obtención del título.
El flamante monarca jugó con Alejandro Ortiz, Óscar Díaz, Erick Uscanga, Isaí Matla, Luis Matla, Carlos Rosas, Adrián Benítez y Didier Hernández, mientras que Osos alineó a José Ortiz, Jesús Utrera Rubén Pinto, Andrés Landa, Aldo Pereira, Jesús Galindo, Carlos Rivera y Gerardo Vázquez.
Para ponerle fin al torneo se llevó a cabo la ceremonia de premiación, siendo la señora Socorro Prado y su esposo Roberto Cornejo quienes entregaron los trofeos a lo más destacado de esta edición como al campeón de Copa, Travel Bus, Trogloditas como tercer lugar, Osos subcampeón y Puro Toque como el monarca, así como al jugador Alejandro Aguirre como el máximo anotador del certamen.
Por otra parte, los organizadores anunciaron que el siguiente campeonato iniciará el próximo sábado, así que los equipos que quieran participar podrán solicitar informes al teléfono 2281521947.

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