01/04/2026
Los atascos en Copenhague no se parecen a los de ninguna otra ciudad del mundo. No los provocan los coches… los provocan las bicicletas.
En hora pico, carriles de hasta cuatro metros de ancho diseñados exclusivamente para ciclistas terminan saturados. Cada día, más de 35.000 bicicletas cruzan un solo puente.
Pero no siempre fue así. En los años 70, la ciudad enfrentaba el mismo problema que muchas otras: calles dominadas por automóviles, aire contaminado y espacios públicos diseñados para vehículos, no para las personas. Con el tiempo, los peatones fueron quedando en segundo plano y el entorno urbano terminó girando casi por completo en torno al tráfico.
El cambio comenzó con una decisión sostenida en el tiempo: poner a la bicicleta en el centro. Aunque el primer carril bici data de 1910, fue a partir de esa crisis urbana cuando la ciudad aceleró una transformación constante: carriles segregados, semáforos sincronizados para ciclistas y “superautopistas” que conectan con municipios cercanos.
Hoy, los resultados son claros. Hay más bicicletas que habitantes: 560.000 frente a 520.000 personas. El 77% de la población se siente segura pedaleando y, en la mayoría de los casos, no lo hace por conciencia ambiental, sino porque es simplemente la forma más rápida de moverse. En paralelo, las emisiones de CO₂ han caído un 42% y la economía ha crecido un 25% en las últimas dos décadas.
El modelo de Copenhague no es un experimento aislado. Es el resultado de años de planificación urbana constante.
La verdadera reflexión no es si otras ciudades pueden lograrlo… sino si están dispuestas a dejar de diseñarse para los coches y empezar, de una vez, a diseñarse para las personas.
Fuentes: Santa Fixie, ArchDaily México, IADB, Emprenem Junts — 2020/2024.