11/08/2026
🥋 Hoy queremos hablar de un karateka que día a día se esfuerza, entrena y da lo mejor de sí para alcanzar cada uno de sus objetivos: nuestro Sempai Paco, 3er Dan.
Mi nombre es Francisco Adolfo Guadarrama Cruz y mi historia en el Karate-Do comenzó por allá del año 2002.
La razón por la que decidí iniciar fue muy sencilla: en la secundaria estaba rodeado de bravucones y yo sentía la necesidad de aprender a pelear para poder defenderme.
Después de algunos meses entrenando, en mi mente creía que ya estaba preparado para semejante proeza. Así que llegó el momento de mi primer enfrentamiento… y podría decir que fue todo un éxito, aunque no precisamente como yo lo había imaginado.
Un amigo de mi grupo de karate, que estudiaba en la misma secundaria, se dio cuenta de que estaban a punto de darme una paliza y acudió a ayudarme junto con su grupo de amigos.
Ese día aprendí una de mis primeras y más importantes lecciones:
El Karate-Do no llegó a mi vida para enseñarme a pelear; llegó para enseñarme a DEFENDERME y, con el tiempo, a defender mucho más que eso: mis valores, mis principios y aquello en lo que creo.
Hoy, después de tantos años recorriendo este camino, tengo mucho que agradecerle al Karate-Do.
Le agradezco por regalarme amistades para toda la vida.
Por enseñarme el verdadero valor de la disciplina y la constancia, porque los grandes resultados no llegan de un día para otro; se construyen entrenamiento tras entrenamiento.
Por enseñarme a afrontar y superar las adversidades, entendiendo que caer es parte del camino, pero levantarse siempre es una decisión.
Por permitirme compartir el dojo con diferentes generaciones y vivir algo extraordinario: ver llegar a entrenar a los hijos de mis amigos y compañeros, creando nuevos vínculos y comprobando que el Karate-Do puede unir generaciones.
Y, de manera muy especial, agradezco a Renshi Héctor García Avendaño, quien me enseñó mucho más que técnicas de karate.
Gracias por enseñarme a levantarme después de cada caída.
Gracias por su apoyo y, sobre todo, por no soltarme en algunos de los momentos más difíciles de mi adolescencia.
Porque hay maestros que te enseñan una técnica, una kata o un kumite… pero existen otros que, con su ejemplo y acompañamiento, dejan una huella para toda la vida.
Hoy tengo el orgullo de ser 3er Dan, pero también tengo claro que un grado no significa haber llegado al final. Significa asumir un compromiso todavía mayor: continuar aprendiendo, esforzándome y buscando ser mejor cada día, dentro y fuera del dojo.
Gracias, Karate-Do, por todo lo que me has dado y por todo lo que todavía me falta por aprender.
Oss. 🥋
Sempai Francisco “Paco” Guadarrama
3er Dan – Nippon Sh*to Kai