25/07/2026
¿QUÉ SERÍA DE NUESTRAS VIDAS Y DE LAS DE NUESTRAS HIJAS SIN EL VOLLEYBALL?
Tal vez tendríamos más tardes libres, menos viajes, mas fines de semana ,menos desvelos y menos kilómetros recorridos , pero también nos faltarían incontables sonrisas, amistades verdaderas, abrazos después de una victoria y esas lágrimas que, aunque duelen, enseñan a levantarse más fuertes.
Todo esto vale la pena por todo lo que conocen en torneos, ligas , viajes llevan experiencias.
El volleyball no es solamente una red, un balón y seis jugadoras dentro de la cancha. Es pasión, porque enciende el corazón en cada partido; es amor, porque une a familias enteras detrás de un mismo sueño; es sacrificio, porque exige dejar comodidades, fiestas y descansos para entrenar; y es garra, porque enseña a luchar hasta que caiga el último balón.
También es salud, movimiento, disciplina y una forma hermosa de mantener la mente y el cuerpo ocupados en algo positivo. Aleja a nuestros hijas de malos caminos, fortalece su carácter y les enseña valores que llevarán para toda la vida: responsabilidad, respeto, compañerismo, humildad, perseverancia y trabajo en equipo.
Gracias al volleyball aprendemos que nadie gana sola, que cada posición es importante y que después de una caída siempre existe la oportunidad de volver a ponerse de pie. Nos regala compañeras que se convierten en hermanas, entrenadores que dejan enseñanzas para siempre y recuerdos que ningún trofeo podría reemplazar.
Detrás de cada jugadora hay una familia haciendo esfuerzos, ajustando gastos, recorriendo carreteras, esperando durante horas y aplaudiendo con el corazón. Porque cuando nuestros hijas entran a la cancha, también entran nuestros sueños, nuestros nervios y todo el amor que sentimos por ellas.
El volleyball no solo se practica: se vive, se sufre, se disfruta y se ama. Nos enseña a caer, levantarnos y seguir luchando juntos… porque mientras exista un balón en el aire, siempre habrá una razón para no rendirse.