23/06/2025
En la terapia de constelaciones familiares, un representante puede sentir lo mismo que la persona a la que representa por varias razones que combinan lo fenomenológico, lo sistémico y lo energético.
1. Campo mórfico
Según la teoría de Rupert Sheldrake, todos los sistemas comparten un campo de información invisible llamado “campo mórfico”.
Cuando se organiza una constelación, ese campo se activa, y los representantes entran en contacto con la información emocional, corporal y relacional de ese sistema familiar, incluso sin conocerlo.
2. Resonancia sistémica
Los representantes no actúan ni imaginan, sino que experimentan emociones, tensiones físicas o impulsos reales. Esto ocurre porque, al colocarse en una posición dentro del sistema, su cuerpo y su conciencia entran en resonancia con lo que hay en ese lugar: traumas, duelos no resueltos, vínculos interrumpidos, exclusiones, etc.
3. Estado fenomenológico
La constelación se realiza desde un enfoque fenomenológico, es decir, sin juicio ni intención, permitiendo que “aparezca lo que es”. Al estar abiertos y sin expectativas, los representantes se convierten en canales que permiten que el movimiento del sistema se revele.
4. Inconsciente colectivo y memoria familiar
También se considera que las familias comparten un inconsciente familiar o colectivo, donde viven las memorias emocionales no resueltas. Alguien que entra como representante accede temporalmente a esa memoria, y por eso puede sentir lo que otro siente o sintió, sin conocerlo.
¿Es real lo que sienten?
Sí, lo que sienten es auténtico dentro del campo de la constelación. No es actuación ni sugestión, aunque requiere apertura, respeto y sensibilidad. Sin embargo, esas sensaciones no les pertenecen a ellos como individuos, sino que están disponibles solo mientras dura el trabajo.