16/10/2026
CUANDO TU EXPERIENCIA GENERA PAZ Y SEGURIDAD EN OTROS, COMPRENDES QUE VALIÓ LA PENA VIVIRLA
Aunque la natación siempre se ha considerado un deporte de élite, hoy quiero contarte mi historia desde otro lugar: desde la inocencia y la energía desatada de un niño que encontró la libertad en el agua. Llámese río, poza, tanque o alberca, la vida me enseñó que estar en el agua es hacer un paréntesis, una pausa en tu propia vida.
Mi nombre es Manuel Barrios, soy entrenador de natación. Me hace muy feliz poder compartir mis experiencias, ojalá puedan ayudar a quienes aún no se deciden a incorporarse a la vida en el medio acuático. Ya sea caminando, corriendo, saltando o simplemente estando ahí, en ese espacio donde tu cuerpo cobra vida y encuentras paz y regocijo.
*MI PRIMERA EXPERIENCIA*
Corrían los años 70. No creo haber tenido más de 4 años, lo recuerdo bien porque aún no entraba a la primaria. Era el más pequeño de tres hermanos. El de en medio me llevaba dos años, aunque él siempre decía que solo era uno. El mayor, Toño, me llevaba cinco y era quien me defendía.
Vivíamos en unas casas donde había un tanque que, para mi tamaño, yo veía enorme. Alrededor había lavaderos donde las vecinas lavaban trastes o ropa. La vida transcurría normal, cada quien con sus quehaceres, pero había un día muy especial: el día que tocaba lavar el tanque porque ya se veía sucio.
Ese día era el más esperado para nosotros. Teníamos carta abierta para sacar cucharas, platos y todo lo que se había caído al fondo y que las vecinas no habían podido recuperar. Para nosotros, esa era nuestra alberca en casa. Una alberca a unos pasos de tu casita.
Un día antes le avisaban a mi mamá para pedirle permiso de que ayudáramos a lavar el tanque. Para los adultos era complicado tallar las paredes por fuera y el fondo. Mi madre, al saber que mis hermanos "sabían nadar" —permítanme aclarar: no sabíamos nadar, ni mucho menos yo. Nuestra poca experiencia la habíamos desarrollado en el río que estaba a más de una hora de camino, cruzando un cerro que para mí era una montaña enorme. Pero bueno, mucha gente le llama saber nadar a ya no tragar agua, aunque más bien parezcan mutación de ajolote a rana—, en fin, sabiendo que no corríamos peligro, autorizaba nuestro ingreso.
Eso le generaba a ella prioridad para elegir el lavadero que quisiera. Desde entonces recuerdo las negociaciones.
Llegaba el día. Ese día nadie podía usar lavaderos ni el tanque, todas las actividades se suspendían. Entraban mis hermanos y yo me quedaba viendo desde arriba de un lavadero, esperando la señal. Una vez que revisaban qué tan resbaloso estaba el piso y que ya habían sacado los objetos hundidos, mi hermano Toño venía por mí. Me subía en sus hombros y ahí empezaba la aventura.
Cruzar el tanque seguro, moviendo mis brazos para sentir las olas en mis manos. La sensación de volar sin fronteras. Sentir cómo el agua salpica tu cara, cerrar los ojos y sentir que vas en medio del mar —para ese entonces no conocía el mar—, pero era una sensación extraordinaria. Después vaciaban el tanque y había que ayudar a tallar las paredes.
Un día llegó el aviso de lavar el tanque, pero Toño se había ido al rancho de mi tío. Dilema familiar: sin el hermano grande, ¿cómo se lavaría? Era quien llevaba la responsabilidad y tampoco se podía posponer, era urgente. Mi otro hermano, Emilio, dijo: "Nosotros dos podemos, solo que bajen un poco el nivel".
Todo iba de maravilla, hasta que se nos ocurrió la brillante idea de que me subiera en sus hombros. Todo bien, empezamos a avanzar, iniciaba la aventura, cuando de repente Emilio se resbala y ¡adiós superficie! Ambos nos hundimos, él tratando de salir debajo de mí y yo buscando llegar a la orilla.
En mi afán de no hundirme, mi cuerpo activó el modo de emergencia y, con manos y piernas, estaba logrando "nadar". Cuando mi hermano me dice "¡ya estás nadando!", me desconcentré y ahí me tragué no sé cuánta agua. Por suerte, un vecino que había visto el incidente logró sacarme sano y salvo.
Ese día entendí dos cosas que me acompañan hasta hoy en FYRAV:
1. El agua no se domina con fuerza, se entiende con calma.
2. Cuando tu experiencia genera paz y seguridad en otras personas, comprendes que valió la pena vivirla.
Por eso hoy, enseño aquagym en Terraza Real. No para formar campeones olímpicos, sino para que mujeres reales, vecinas como tú, encuentren esa misma pausa, esa misma paz que yo encontré a los 4 años en un tanque.
¿Tú recuerdas cuál fue tu primera vez en el agua? Te leo en comentarios.
*Manuel Barrios*
*FYRAV AQUAGYM DESDE 2009*
*Terraza Real, Tlajomulco*
*WhatsApp 3342731851