03/02/2026
La historia del fundador
No nació con un parche en la espalda ni con una Harley bajo los pies.
El fundador empezó como empiezan muchos: solo, con una moto vieja, más sueños que dinero y la carretera como único hogar.
Dicen que rodaba de noche, cuando el mundo calla y el motor habla. No huía de nada… buscaba algo. En cada kilómetro fue dejando pedazos de su pasado: errores, pérdidas, traiciones. La moto no juzga, solo acompaña.
Una madrugada, después de una rodada larga y pesada, se detuvo bajo un puente. La lluvia caía fuerte y el motor seguía caliente. Ahí entendió algo que cambiaría todo:
👉 Rodar solo es libertad, pero rodar con hermanos es eternidad.
Empezó a juntar raza. No buscaba motos caras ni chamarras nuevas. Buscaba lealtad, palabra y huevos para cumplirla. Los primeros fueron pocos, pero firmes. No había reglas escritas, solo códigos:
Respeto a la carretera
Lealtad al club
Hermandad hasta el último kilómetro
El motoclub nació sin nombre rimbombante, pero con algo más fuerte: identidad. Cada parche se ganaba con rodadas, con caídas, con noches sin dormir y amaneceres en la ruta.
El fundador nunca se dijo líder. Decía:
Aquí nadie manda… aquí todos responden.
Con el tiempo, la leyenda creció. Algunos se fueron, otros cayeron, pero el espíritu quedó. Hoy, cada vez que un motor se enciende bajo ese parche, dicen que el fundador sigue rodando…
no delante,
no detrás,
sino al lado, como un hermano más.
Porque los motoclubs no se fundan con tinta ni papeles…
se fundan con carretera, cicatrices y honor.