15/05/2026
Muchos creen que un maestro de educación física solo enseña a correr, jugar o hacer ejercicio…
Pero detrás de cada silbato hay un corazón que también educa, escucha, motiva y transforma vidas.
Somos quienes aplaudimos al niño que nadie veía capaz.
Quienes enseñamos que caer no es perder… sino levantarse con más fuerza.
Quienes convertimos una cancha en un espacio de confianza, alegría y esperanza.
A veces llegamos cansados, con problemas, bajo el sol, con pocas herramientas… pero aun así damos todo, porque entendimos que educar también es abrazar el alma de nuestros alumnos.
Y aunque muchas veces nuestro trabajo pase desapercibido… algún día nuestros estudiantes olvidarán los juegos, los ejercicios o los marcadores…
Pero jamás olvidarán cómo los hicimos sentir.
Porque un maestro de educación física no solo fortalece cuerpos…
también ayuda a sanar inseguridades, construir sueños y formar seres humanos.
Y eso… cambia vidas para siempre.
Con respeto, cariño y profunda admiración,
Mtro. Hansen Roman Garfias