11/03/2024
Mi Encuentro con Dios.
*Tira la ropa vieja*
“Joaquín dejó su ropa de prisionero, y por el resto de su vida comió a la mesa del rey.”
2 Reyes 25:27-30 RVR1960
[27] Aconteció a los treinta y siete años del cautiverio de Joaquín rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veintisiete días del mes, que Evil-merodac rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, libertó a Joaquín rey de Judá, sacándolo de la cárcel; [28] y le habló con benevolencia, y puso su trono más alto que los tronos de los reyes que estaban con él en Babilonia. [29] Y le cambió los vestidos de prisionero, y comió siempre delante de él todos los días de su vida. [30] Y diariamente le fue dada su comida de parte del rey, de continuo, todos los días de su vida.
En esta historia encontramos al último rey del exilio, a Joaquín, pero el gozó del favor de Dios aún en medio del exilio, pues nos menciona la Biblia que el rey babilónico que conquistó a Jerusalén lo trató amablemente.
Es interesante esta historia porque significó un cambio radical en la vida del rey Joaquín. Imagina su cara al ver a los oficiales venir a su celda, tal vez él estaba esperando ya su ejecución, y luego le dicen que el rey lo quiere en su presencia. Como prisionero y enemigo eso le asustaría a cualquiera, pero la historia fue totalmente contraria pues halló misericordia.
Esta historia se parece mucho a la nuestra con Dios, pues éramos sus enemigos, estábamos condenados por la eternidad, pero Él nos mostró Su misericordia y nos sentó a la mesa del rey. Esta historia me llama la atención por un detalle, que Joaquín dejó su ropa de prisionero, y por el resto de su vida comió a la mesa del rey. Este acto es llamativo porque muchas veces Dios ya nos trata como hijos y nosotros nos aferramos a nuestra ropa de prisioneros. Él simplemente se olvidó de esa vida y se tomó en serio la invitación a ser parte de los privilegiados del rey.
Esto es lo que no hacemos en nuestra vida, si Dios ya me llamó a Su mesa, me sacó de las prisiones del pecado y de la vida pasada, tómatelo en serio, deja esas ropas, olvídalas y siéntate confiadamente a la mesa del Señor. Ya no vuelvas al pecado, eso solo te aprisiona, ya no más engaños, ya no más del pasado que tanto te encarceló, mejor vive la vida que ahora Dios te ofrece, una vida plena, donde Él promete suplir tus necesidades y darte un lugar de honor, siempre y cuando estés dispuesto a tirar esa ropa vieja y sucia de prisionero.
“Cuando Dios te invita a la mesa recuerda que El es el Rey y seguro estarás sentado en lugar de honor porque ya no eres prisionero ahora estás en libertad.!!
Y diariamente le fue dada su comida de parte del rey, de continuo, todos los días de su vida.