10/02/2026
10 de Febrero: SAN JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO, mártir.
ORACIÓN: Señor Dios, que concediste al joven San José Sánchez del Río la fuerza para confesar el nombre de tu Hijo con un valor heroico, te pedimos por su intercesión que nos regales una fe inquebrantable como la de él. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.
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Hoy nos acercamos a la figura de San José Sánchez del Río, un niño que con solo catorce años se convirtió en un gigante de la fe. "Joselito", como lo llamamos con cariño, nació en Sahuayo, Michoacán, en 1913. Eran tiempos difíciles en México, durante la persecución religiosa conocida como la Guerra Cristera, donde muchos defendían su derecho a amar a Dios en libertad.
El deseo de servir
A pesar de su corta edad, José sentía un fuego en el corazón. Quería unirse a los cristeros, no por odio, sino por amor a Cristo Rey. Sus padres se oponían por el peligro, pero él les dio una respuesta que todavía nos estremece: "Mamá, nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora". Su fe no era un juego; era una entrega total que brotaba de su amistad diaria con Jesús.
El cautiverio y la prueba
Fue capturado por las tropas del gobierno tras ceder su caballo a un jefe cristero para que escapara. Lo encerraron en la propia parroquia donde fue bautizado, convertida entonces en prisión. Intentaron obligarlo a renunciar a su fe, ofreciéndole dinero y una carrera militar, pero él se mantuvo firme. José sabía que su verdadera patria no era este mundo, sino el Reino de Dios, y por nada lo pensaba cambiar.
El camino al martirio
La noche de su martirio fue cruel. Le cortaron las plantas de los pies y lo obligaron a caminar hacia el cementerio. A cada golpe, en lugar de gritos de dolor, de su boca salía un grito de victoria: "¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!". Al llegar al lugar de su descanso, perdonó a sus verdugos y fue herido de muerte. Dibujó una cruz en el suelo con su propia sangre y partió al Cielo.
Un modelo de valentía
Vemos en Joselito que la santidad no es cuestión de edad, sino de fidelidad. Fue canonizado en 2016 por el Papa Francisco, recordándonos que los jóvenes son el presente de la Iglesia. Su vida es un grito de libertad que nos invita a no tener miedo de decir que amamos a Dios, incluso cuando el mundo nos pida callar. ¡San Joselito, ruega por nosotros!