24/04/2026
Maestro, hoy que llegué al tatami te vi llorando, sin saber porque, conté tus lágrimas, fueron siete. Siempre te he visto sonriendo, y con una consejo listo para el que lo necesita… Habla, mi Viejo Maestro! Dile a tu eterno Aprendiz por que estas tan triste, ¿Porque lloras?
Mi querido alumno ¿Estás viendo a tus compañeros de entrenamiento que entran y salen del tatami? Mis lágrimas están dedicadas a algunos de ellos.
La Primera, es por los indiferentes, que no valoran la historia, La técnica, y la filosofía de nuestro arte, y aquí vienen en busca de distracción, para salir burlándose de aquello que sus mentes cerradas no pueden entender.
La Segunda, me la arrancan esos eternos inseguros que pretenden ser mejores desacreditando a los viejos Maestros y esperan que un milagro les haga alcanzar una medalla o un cinturón negro, o todo aquello que su propia mente le impide alcanzar.
La Tercera, es para a aquellos que solamente asisten para promover la discordia entre sus compañeros.
La Cuarta, es por los que, aun sabiendo que la finalidad de nuestro arte no solo es hacer campeones, sino personas de bien, solo procuran beneficiarse de nuestro arte de cualquier forma y no han aprendido a amarlo.
La Quinta, va a los que llegan con suavidad, tienen la sonrisa y el elogio a flor de los labios, pero si pudiéramos ver en su corazón, veríamos escrito: “Creo en el arte que me enseñan y en mis hermanos, pero sólo si ellos me dan lo que quiero y hacen lo que yo digo”.
La Sexta, se la doy a los insignificantes, que se ponen un kimono y pisan el tatami para decir que son campeones y guerreros, cuando la realidad es que solo quieren presumir logros ajenos.
La Séptima, mi querido alumno, es la más grande y es la que más me ha dolido. Fue la última lágrima, aquella que vive en los ojos del Verdadero Guerrero. Que esta lagrima sirva para recordarle a los vanidosos que olvidan que existe el respeto y que existen compañeros que necesitan de su hermano mayor para que comparta su conocimiento y su experiencia. Que hay gente en el tatami que más que un maestro, necesita un amigo.