28/11/2022
CUANDO LA MEJOR MANERA DE AYUDAR ES NO AYUDAR
Me levanté a la mañana temprano y observe a Don Hilario sentado, mirando hacia el corral de las cabras, donde su nieto no lograba encerrarlas.
Cuando quise ayudarle a resolver el problema, Don Hilario me miró, casi con dureza, y me dijo:
—No intervenga, déjelo solo.
—Es que lo quiero ayudar.
—Entonces no intervenga.
—¿No quiere que lo ayude?
—Por supuesto que quiero que lo ayude, y la mejor manera de hacerlo es no interviniendo.
—No lo entiendo.
Resopló molesto, y me dijo:
—Si usted hace las cosas por él e impide que se equivoque, no va a aprender, y yo quiero que aprenda. Equivocarse y
cometer errores es el mejor camino del aprendizaje
—No es lo que me enseñaron.
—Por eso en algunas ocasiones es medio torpe. Ya va aprender —dijo justo en el momento en el que su nieto resolvía cómo encerrar a las cabras con un pequeño grito de alegría y satisfacción.
Mi orgullo no me permitía aceptar los dichos de Don Hilario, pero debía reconocer que la sonrisa del nieto bien valía un error. Y entonces, comencé a entender.
Al atardecer, luego de las tareas de campo, Don Hilario se sentó y comenzó en silencio el ritual del mate.
Me senté junto a él, y sin mirarme, me preguntó:
—¿Hoy aprendió algo?
—Sí —le contesté—, aprendí a no entrometerme en los problemas ajenos y a dejar a cada uno cumplir sus procesos.
Y comprendí que mi manera de ayudar es a veces una forma de incapacitar a otros para sentirme bien, y que esto huele a egoísmo.
—Entonces fue un buen día —dijo, y me estiró un mate que sabía como los dioses.
Le pregunte:
—¿Y si me piden ayuda?
—Dé su opinión honesta acerca de qué haría en su lugar, y deje que el otro haga. No involucrarse no es aislarse; es simplemente no interferir en los procesos ajenos. Y si no le
preguntan, quizás no necesiten de su respuesta.
—¿Y si alguien está triste y le pregunta qué hacer? ¿Qué
le diría, Don Hilario?
De nuevo la risa burlona, que me hacía sentir que había preguntado una estupidez
—Le diría que disfrute su tristeza.
—No se burle, la tristeza no se disfruta.
—¿Quién le dijo eso?
—Nadie, pero uno se siente mal.
—Eso porque la rechaza. Todo el que se siente rechazado, responde mal, aún la tristeza. Quizás ella también quiera ser aceptada. En definitiva, uno atrae lo que rechaza. Por otro lado, mientras más se resista a aceptarla, más va a persistir.
—¿Y usted que hace cuando se siente triste? ¿Lo disfruta?
—Por supuesto.
—¿Y cómo lo hace?
—Me voy a la montaña y hablo solo, en voz alta. Me tiro al suelo. Me doy lástima, me tengo compasión, y cuando parece que la tristeza lo invade todo, desaparece, y su lugar
lo ocupa una sensación de paz y alegría infinita. La alegría y la tristeza son la misma cosa, el máximo de tristeza puede producir alegría, y el exceso de alegría puede producir tristeza.
La vida siempre tiene dos extremos, como el péndulo. El secreto está es el medio, en el equilibrio. Ahí suele estar la morada de la verdad. Nada es bueno ni malo. Todo es bueno y lo que llamamos “malo” es posible que sea lo que no nos gusta o lo que no entendemos.
- Autor desconocido.
🙏