08/03/2026
"Queridas alumnas y compañeras maestras:
Hoy, 8 de marzo, quiero dedicarles estas palabras no solo como su maestra y directora, sino como una compañera de movimiento. En la danza, cada paso que damos es una afirmación de quiénes somos; por eso, mi mayor deseo es que esa fuerza que muestran en el escenario las acompañe en cada calle, en cada decisión y en cada etapa de su vida.
Que sus pasos se escuchen fuerte: Que nunca sientan la necesidad de caminar de puntitas para no incomodar a otros. Que su presencia sea firme, que su voz tenga eco y que el mundo sepa que están aquí, pisando con seguridad y autonomía.
Que su coreografía de vida sea sana: Que así como buscamos armonía en un paso a dos, elijan vínculos donde el respeto sea el ritmo principal. Que nunca acepten una pareja que pretenda marcarles el paso o limitar su brillo; elijan siempre a quien sepa bailar a su lado, celebrando su grandeza.
Escuchen su música interna: Su intuición es el ritmo más honesto que poseen. Confíen en ella por encima de cualquier ruido externo; es su brújula para saber cuándo avanzar y cuándo es momento de cambiar de dirección.
Dancen en comunidad: Ninguna bailarina llega a la cima sola. Sigamos tejiendo esta red de sororidad, este cuerpo de baile donde nos sostenemos, nos cuidamos y nos impulsamos. Que entre mujeres siempre seamos refugio y nunca competencia.
Regresen siempre bien a casa: Que el camino de vuelta sea siempre seguro, para que mañana podamos volver a encontrarnos en el salón para seguir creando.
Nunca olviden que ustedes son las coreógrafas de su propio destino. ¡Sigan bailando libres, seguras y empoderadas!"
Atte: Monse G Cabrera