18/06/2020
Se dice que en medio de la selva en el corazón del país, donde la vegetación es más espesa y el río se subdivide en muchos canales, se encuentra una sección en la que parece que corre mercurio y es hogar de una criatura olvidada, pero muy despierta y que hasta la fecha cobra sacrificios.
Era muy común escuchar a algún poblador decir que era el elegido para domar al dios que vivía dentro del cenote, y poco después desaparecer, a veces frente a los ojos de sus seres queridos, dentro del líquido plateado; su única huella era una hermosa mancha carmesí con forma de penacho circular asemejando en los detalles a plumas y hueso.
El mito común era que aquellos que tocarán el agua, quedarían enamorados de si hasta el punto de ahogarse con un beso que los hundiría hasta el fondo del canal, donde ninguna rama podía regresar los a la superficie. Muchas veces seguidos de familiares que tampoco volvían, pues las cuerdas que sostenían a los segundos parecían cortadas exactamente donde se apreciaba la unión del agua y la soga.
Los habitantes de la región no tocan estas aguas, sin embargo, tienen que cruzar su cause para realizar sus actividades económicas con otros poblados. José, originario de la zona, aprovechaba estos recorridos para contemplar su reflejo, según su familia, no dejaba de verse en el espejo del canal, advirtiéndole que no se atreviera a tocar las aguas siquiera, pues aquellos que osarán mancillar la pureza del agua morirían ahogados, atraídos por el amor que estas despertaban en quien las tocaba.
José, ya había tocado las aguas. Un día acomodando la balsa, sintió un llamado, volteando rápidamente logro ver un ser gigante hecho solo de hueso plateado arrodillado en el aire con un penacho de oro viéndolo fijamente, dentro de su cabeza escucho - ¿eres tu quien puede controlar mi poder?- Cuando José volvió en si, se dio cuenta que tenía las aguas hasta los tobillos, la noche ya caía sobre sus hombros y escuchaba su nombre a lo lejos, tanto desde su casa como desde la profundidad.
Escuchando sabiduría de los ancianos del lugar, de las personas más sabías José solo pudo entender lo que era, un dios olvidado, pero sobre todo que quería, primeramente comer, pero también vivir, como todo dios, buscaba un cuerpo fuerte que le sirviera de transporte y poder gobernar desde este, a cambio le ofrecía sus sueños hechos realidad.
Los mitos decían que el aquel capaz de domar al dios debía tener características muy importantes, sabiduría, fuerza interna, fuerza física, equilibrio mental y espiritual, capacidades que José no tenía como todos a los que el dios había devorado.
José paso más tiempo con aquellos que sabían más que él, pero era evidente cada vez más que algo estaba cambiando, pese a ver mejoría en la vida de José, su madre estaba muy preocupada, pues sentía que su hijo era llamado al agua de plata, era inútil alejarlo de esta, cuando no estaba trabajando para ser "digno" como decía él, contemplaba paciente por encima del rio y decía, pronto.
Una mañana la madre de José pedía a gritos ayuda, al llegar el pueblo al lugar, notaron a José sumergido hasta los hombros,su madre sostenía con las uñas enterradas en la carne a los brazos de su hijo. Este le decía con voz calma e inmaculada - madre, estoy listo, déjame mostrárselo, volveré - la mujer al notar tanta paz y confianza en su hijo decidió confiar en él y dejarlo ir. José desapareció, esta vez no hubo ninguna mancha.
Pese al acontecimiento, su madre se encontraba en mucha paz, todos creían que había enloquecido. Los días transcurrieron y no se podía encontrar al cuerpo de José ni con la vara más grande.
En la madrugada, la gente veía horrorizada como el río, antes del color del mercurio, ahora se teñía de carmesí, fue hasta que los primeros rayos del sol tocaron las aguas que José apareció flotando en medio de las aguas, bañado en plata y portando un penacho de exquisito oro, mirando a los pobladores con ternura y paz, sonrió.