28/08/2026
Hoy el negocio es sencillo: haces un video sensacionalista, asustas a la gente, inventas un enemigo y al final aparece mágicamente el producto que “necesitas”. Ayer era una creatina “especial”, después el chicharrón fitness empacado, mañana el péptido milagroso que supuestamente te rejuvenece, te pone mamado y te arregla hasta la vida.
Y lo más berraco es ver a la gente defendiendo esas vainas con una fe que ni ellos mismos cuestionan. No te muestran ensayos, no te muestran dosis, no te muestran riesgos, no te muestran comparaciones serias. Te muestran testimonios, emociones y un man hablando durísimo frente a una cámara.
Parce, la emoción es volátil. La evidencia no debería serlo.
Yo prefiero ser el “difícil de tratar” que pregunta: ¿dónde están los datos?, ¿qué calidad tiene la evidencia?, ¿en humanos?, ¿qué riesgos hay?
Porque conocimiento no es creer más duro. Es aprender a no comer cuento.
Y en redes sociales, eso hoy vale oro.