30/08/2026
En el marco de la convocatoria anual del Premio Estatal de la Juventud, y tras un riguroso proceso de evaluación entre más de mil doscientas solicitudes procedentes de diversos municipios y disciplinas, el jurado ha emitido su fallo. En esta edición, el certamen reconoció a varios jóvenes coahuilenses en distintas categorías y ámbitos, y entre ellos, dos atletas de Tenis de Mesa Coahuila han sido distinguidos con este galardón.
Los nombres son Alissa Zamora y Axel Fragoso Rincón.
Y aquí es donde la formalidad de la nota se queda corta, porque estos dos nombres no son solo estadísticas ni expedientes. Son latidos. Son dos formas distintas pero igual de poderosas de entender que el deporte es, ante todo, un camino de regreso a uno mismo.
Hablemos de Alissa.
Alissa es esa persona que entra a una sala y sin decir una palabra ya cambió la temperatura del lugar. No porque haga ruido, sino porque su presencia es una afirmación constante de que la vida merece vivirse con los brazos abiertos. Alissa tiene síndrome de Down, pero ese dato, que para algunos podría ser un encabezado, para quienes la conocen es solo un rasgo más en el lienzo de una mujer extraordinaria. Lo que realmente define a Alissa es su manera de atravesar las dificultades: no las esquiva, no las niega, las recibe con esa sonrisa que parece decir "aquí estoy, ¿y qué más da?". Cada entrenamiento, cada torneo, cada mañana en la que se levanta antes de que el sol despunte, son pequeños actos de rebeldía contra la comodidad. Y esta vez, esa rebeldía tierna y constante ha sido reconocida con un premio que no le da grandeza, sino que la confirma. Porque Alissa ya era grande antes de que nadie le entregara un diploma.
Y luego está Axel.
Axel es de esos jóvenes que entienden que el talento es una promesa, pero la disciplina es el cumplimiento. Seleccionado nacional. Dos medallas de plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Números que pesan, sí, pero que no cuentan toda la historia. Porque la historia de Axel también se escribe en las tardes de entrenamiento intenso, en las derrotas que supo convertir en lecciones, en los viajes sin descanso y en la mirada fija de quien sabe que representar a México no es un título, es una responsabilidad. Su tenis de mesa es preciso, calculado, pero detrás de cada golpe hay un muchacho que ha aprendido a caerse y a levantarse con la misma elegancia con la que devuelve una pelota. Estas dos platas no son metales. Son el eco de años de silencio y trabajo.
Lo que hace especial este año no es solo que dos atletas de nuestra casa hayan sido reconocidos. Es que lo han hecho en una edición récord, con más de mil doscientas solicitudes, y en medio de tanta juventud brillante, de tanto proyecto y tanto sueño, los nombres de Alissa y Axel lograron destacar no por casualidad, sino porque su luz es de esas que no se apagan aunque se junten muchas otras.
Así que hoy, más que dar una noticia, queremos rendir un homenaje pequeño a dos personas que nos recuerdan que el deporte puede ser muchas cosas: competencia, estrategia, resistencia. Pero también, y sobre todo, puede ser un espejo donde mirarnos y reconocer que, si ellos pueden, quizá nosotros también podemos atrevernos a ser un poco más valientes.
Felicidades, Alissa. Felicidades, Axel. Gracias por poner el nombre de Coahuila en lo más alto, pero sobre todo, gracias por recordarnos que el verdadero premio no está en el reconocimiento de los demás, sino en la paz de saber que lo dimos todo.
Y eso, ustedes dos, lo han hecho sobradamente.