19/09/2020
Una de las cuestiones que más intentan transmitir los nutricionistas es que las dietas no deberían tener un principio y un final.
Lo ideal es buscar un cambio en nuestra alimentación, con el objetivo de aprender a comer más allá de saciar el hambre y buscar con ella beneficios para nuestra salud.
Esta es precisamente una de las claves de la alimentación sana. En la alimentación de todo un poco se permite todo tipo de comida: carne, pescado, lácteos, vegetales, entre otros, de modo que se logre un consumo balanceado de todo tipo de nutrientes, completo, variado y sin excesos.
Por ejemplo, aboga por alimentos frescos y de temporada, como frutas y hortalizas (a ser posible de diferentes colores), frutos secos, cereales, semillas, hierbas… Además de las proteínas vegetales y animales, tampoco podemos olvidarnos de las grasas insaturadas, los hidratos de carbono, la fibra, los probióticos, las vitaminas y los minerales.
No debemos pasar hambre ni medir cantidades: cada comida debe estar adaptada al organismo del individuo que la consume y sus necesidades. Además, cuanto más sencillas sean las preparaciones que vamos a comer mucho mejor, por dos motivos: en crudo los alimentos suelen conservar mejor sus propiedades y la digestión es más sencilla. La forma de comer es objeto de estudio en este tipo de nutrición. Es recomendable evitar las bebidas frías, ya que pueden ralentizar la digestión, y masticar bien la comida, también con el mismo objetivo.
La alimentación puede prevenir y ser una ayuda extra importante para nuestra salud
Pero, además de los alimentos, la nutrición sana también habla del estilo de vida que se incluye en ese ‘todo’ que es la persona: factores como las relaciones sociales o la práctica de ejercicio están incluidos en aquello que favorece una mejora del individuo. Por ejemplo, la alimentación holística habla de la importancia de realizar ejercicio para mejorar la salud integral (mantenernos en nuestro peso, fortalecer los músculos, mantener jóvenes ciertos órganos como el corazón, estar más ágiles…), pero también del descanso, ineludible si queremos funcionar bien física y mentalmente.
Por último, no debemos olvidarnos de hacer vida al aire libre. Con el sol absorbemos vitamina D, pero también se mejoran ciertas enfermedades, especialmente de tipo respiratorio, estaremos más activos al movernos más y mejoraremos nuestras relaciones sociales, así como nuestro estado anímico y, con él, las emociones, una parte imprescindible de este sentido de la persona como un todo.
¿Podemos curar con este tipo de nutrición?
Ante todo lo expuesto, es fácil pensar que se trata de un tipo de alimentación saludable. Y sin duda lo es. Prioriza el consumo de productos naturales, hace un llamamiento a una nutrición variada y equilibrada y tiene en cuenta otros factores también importantes para nuestra salud (factor psicológico, ejercicio, descanso, emociones…).
El problema no viene marcado por este sistema de nutrición en sí, sino por aquellos que tratan de convencernos de que con ella basta para curar ciertas enfermedades.
La alimentación holística puede prevenir, cuidar, darnos una ayuda extra muy importante e indispensable para nuestra salud, pero hay ciertas patologías que necesitan de la medicina y no podemos renunciar a ella.