17/03/2026
Recuerdo bien al joven que llegó por primera vez al gimnasio. Un muchacho tímido, callado, que casi no hablaba. Pero el gimnasio tiene algo: si uno se queda, si uno trabaja, si uno aguanta… el boxeo te cambia.
Con el tiempo empezaste a ganar confianza, carácter y seguridad. Te fuiste formando golpe a golpe, día tras día. Y ver esa transformación es, para mí, el verdadero pago de un entrenador.
Porque el boxeo no es un juego. Cuando un hombre sube al ring, sube a poner su cuerpo, su orgullo y hasta su vida en riesgo. Por eso siempre lo he dicho: cualquiera que tenga el valor de cruzar esas cuerdas merece respeto.
Aquí no solo se aprende a tirar golpes. Aquí se forjan atletas, pero sobre todo se forman hombres con disciplina, carácter y valores.
Como entrenador, claro que me importa ganar. Pero hay algo que siempre va a estar por encima de cualquier victoria: la vida y la salud de mi peleador.
Kevin Guerrero, nunca olvides al joven que llegó aquel primer día al gimnasio. Porque fue ese muchacho el que empezó a construir al peleador que hoy eres.
Y recuerda algo:
los campeones no nacen… se forjan. 🥊