06/06/2026
Hay derrotas que duelen más que otras.
La semifinal contra Galácticos era uno de esos partidos que sentíamos que nos correspondía ganar. Sin embargo, el fútbol tiene una forma muy particular de enseñarnos lecciones que a veces no queremos aprender.
Un error en la portería durante los primeros minutos nos dejó abajo 1-0. Durante todo el encuentro buscamos el empate, luchamos, insistimos y generamos oportunidades, pero ese gol terminó marcando la diferencia. No fue una derrota producto de la superioridad del rival; fue una derrota nacida de un error que desafortunadamente no pudimos revertir.
Y aunque hoy duele, el deporte nos enseña que los errores no son el final de la historia. Grandes jugadores han vivido momentos similares. Roberto Baggio falló un penal en una final del Mundial. David Beckham fue señalado durante años por una expulsión que marcó a su selección. Loris Karius cometió errores en una final de Champions League ante millones de personas. Sin embargo, todos ellos siguieron adelante porque entendieron algo fundamental: equivocarse es parte del camino de cualquier deportista.
Por eso no buscamos culpables. Ganamos como equipo y perdemos como equipo.
Lo que más orgullo me dejó esta tarde no fue el resultado. Fue observar a nuestros niños al finalizar el partido. Verlos formar fila, estrechar la mano del rival, felicitarlo y retirarse con la frente en alto. Sin lágrimas, sin excusas y sin reclamos. Eso habla de carácter. Eso habla de educación. Eso habla de valores.
Este grupo está formado principalmente por niños categoría 2017, compitiendo en una categoría donde la mayoría son 2016. Sabíamos desde el inicio que no sería nuestro año más fuerte. Reforzamos el equipo para poder competir y, aun así, logramos colocarnos entre los mejores. Llegar hasta las semifinales ya era una muestra del corazón que tienen estos pequeños guerreros.
Los trofeos son importantes, pero las lecciones lo son aún más.
Hoy aprendimos que un error puede costar un partido, pero también puede convertirse en una oportunidad para crecer. Aprendimos que el fútbol da revancha a quienes siguen trabajando. Y aprendimos que la verdadera victoria no siempre aparece en el marcador.
Estoy orgulloso de estos niños.
Porque demostraron que saben competir, pero también saben perder.
Y esa es una de las cualidades más valiosas que puede tener un deportista y una persona.