03/07/2026
❤️
En 1998, una mujer le gritó a Shaquille O'Neal en la puerta de un estadio de la NBA. No le pedía un autógrafo: le reprochaba que sus zapatillas costaran tanto dinero que los chicos de su barrio nunca podrían tenerlas. Shaq sacó $2.000 en efectivo del bolsillo y se los ofreció. Ella le apartó la mano y le dijo: "¿Por qué no hacés zapatos que la gente pueda pagar?"
Ese mismo día, O'Neal llamó a Reebok y les dijo que no seguiría con el contrato, un acuerdo de 40 millones de dólares por cinco años. Tenía 26 años y era una de las caras más reconocidas del deporte mundial. Lo que dijo fue simple: "Quédense el dinero. Esto no está bien."
Las primeras zapatillas Shaq llegaron a los estantes de Walmart entre 1999 y 2000, con precios de entre 19 y 29 dólares. Para lograrlo, Shaq incorporó a diseñadores que venían de Reebok para trabajar en la nueva línea. La idea era clara: que un zapato barato no pareciera barato. "No es que los chicos no quieran usar zapatos de 20 dólares. No quieren usar zapatos que parezcan de 20 dólares", explicó O'Neal.
En 2016, Shaq publicó en Facebook: "Ríanse todo lo que quieran, la marca Shaq vendió más de 120 millones de pares de zapatos accesibles para chicos en Walmart." Para 2021, ese número ya había llegado a los 400 millones. Con un precio promedio superior a los 25 dólares por par, la cifra total en ventas supera los 10.000 millones de dólares.
Hoy, Shaq es el segundo accionista individual más grande del grupo Authentic Brands, que es dueño de marcas como JCPenney, Forever 21 y, paradójicamente, Reebok. El hombre que rechazó 40 millones por principios terminó siendo, en parte, dueño de la empresa que abandonó.