27/05/2026
A veces platicando con amigas sobre ansiedad y ejercicio, llegamos a algo muy interesante…
Hay personas que hacen muchísimo ejercicio, corren, entrenan fuerte, se mantienen ocupadas todo el tiempo… y aun así sienten que su ansiedad no baja.
Y algo que he notado acompañando procesos en clases, es que muchas veces no es solamente mover el cuerpo… sino realmente habitarlo.
Porque podemos entrenar mientras la mente sigue acelerada, desconectada, pensando en mil cosas, exigiéndose, sobreviviendo.
Y creo que una gran diferencia —aunque claramente no es lo único— está en la consciencia con la que nos movemos.
Por eso en yoga la respiración es el eje de todo.
Del movimiento.
De la pausa.
Del ritmo.
De la presencia.
Porque cuando empiezas a tomar consciencia de tu respiración, empiezas también a regresar al cuerpo.
Y cuando el cuerpo deja de sentirse como un lugar de amenaza, algo dentro de ti comienza a regularse distinto.
No se trata de hacerlo “perfecto”.
Ni de dejar de sentir ansiedad de un día para otro.
Pero sí de crear espacios donde el sistema nervioso pueda, aunque sea por momentos, dejar de estar en alerta constante. ✨