02/09/2026
Cuando murió, no dejó tierras ni oro. Pero durante generaciones, los hijos de sus hijos siguieron usando las herramientas que él había hecho. Y cuando alguna se rompía, la gente del pueblo decía: “esta no era del herrero viejo, por eso no duró”.
Su nombre se perdió con el tiempo. Nadie recordaba ya su rostro, ni su voz, ni el sonido de su ma****lo. Pero la forma en que trabajaba, el cuidado que ponía en cada pieza, siguió viva en cada herramienta que aún funcionaba después de tantos años.
Así lo decía el Hávamál desde hace mil años: el ganado muere, los parientes mueren, uno mismo también morirá. Pero lo que se hizo bien, se recuerda. Eso nunca muere.
📍 CD Deportiva Churubusco, Monterrey
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