08/01/2026
Hoy cierro la puerta de Ludusgym, pero no como quien se rinde, sino como quien ha agotado hasta la última gota de aliento.
Durante 13 años, este gimnasio no fue solo fierros y paredes; fue mi identidad, mi refugio y la prueba de que podía construir algo con mis propias manos.
Lo armé, lo mudé 3 veces, lo defendí frente a un desalojo y lo amé por encima de la lógica económica.
Me digo a mí mismo que he fracasado, pero la verdad es más compleja.
Un fracasado no sostiene un sueño por trece inviernos.
Un fracasado no tiene la fuerza para desarmar solo lo que construyó con tanta ilusión.
Lo que siento hoy no es falta de capacidad, es el peso del cansancio acumulado y el dolor de soltar lo que alguna vez me hizo sentir vivo.
Si hoy me encuentro solo guardando lo que queda, no es porque sea un castigo que deba pagar.
Es simplemente el silencio que queda después de una gran tormenta.
No me hago pasar por víctima, porque la lástima es para los que no se atrevieron.
Yo me atreví, me equivoqué, insistí y viví mi pasión aunque me costara mi estabilidad económica.
Acepto este final. Acepto que mi ciclo aquí terminó.
Guardo estas máquinas no como restos de una derrota, sino como trofeos de una guerra que tuve el valor de pelear.
Mañana seré alguien nuevo, alguien que lleva trece años de experiencia en la piel, y aunque hoy el silencio pese, sé que mi valor no se queda encerrado en este local vacío.