14/07/2026
Hacer ejercicio ¿representa un peligro para una persona mayor con patologías crónicas?
La ciencia y las evidencias demuestran que NO.
Por mucho tiempo prevaleció la creencia de que las personas mayores frágiles, aquellos con afecciones cardiovasculares, osteoporosis, diabetes, antecedentes de un accidente cerebrovascular o diversas dolencias debían restringir su movimiento físico para eludir complicaciones. Ahora, la realidad nos indica lo opuesto.
La nueva Declaración Científica de la American Heart Association (AHA) reitera que la actividad física, cuando es prescrita adecuadamente, se constituye como una de las estrategias de tratamiento más potentes y confiables para los adultos mayores con un elevado nivel de riesgo.
¿Cómo definimos a los adultos mayores de alto riesgo?
La AHA engloba a las personas mayores que exhiben una o varias de las siguientes circunstancias:
✅Debilidad o una significativa disminución en la capacidad funcional.
✅Patología cardiovascular (enfermedad isquémica del corazón, presión alta, entre otras).
Insuficiencia cardíaca.
✅Historial de evento cerebrovascular (EVC o ictus).
✅Daño en la médula espinal.
✅Enfermedades reumatológicas.
✅Afecciones del músculo cardíaco de origen genético.
✅Individuos portadores de marcapasos o desfibriladores implantables.
✅Adultos de edad avanzada que padecen múltiples enfermedades crónicas (multimorbilidad).
Estas condiciones no son barreras absolutas para el ejercicio; mas bien, nos mandan a redactar rutinas con mayor exactitud, adaptación individual y observancia experta.
La investigación científica y comprueba que un plan de ejercicios versátil que integre:
- Entrenamiento de resistencia.
- Acondicionamiento cardiovascular.
- Ejercicios de estabilidad.
- Flexibilidad y movimiento.
- Rutinas de movimientos cotidianos.
Es capaz de generar ventajas notables:
- Incrementar potencia y destreza motora.
- Minimizar la posibilidad de tropiezos y quiebres.
-Enfrentar la pérdida muscular y la debilidad.
-Promover la autosuficiencia en labores cotidianas.
-Elevar la apreciación de la vida.
-Atenuar ingresos hospitalarios y optimizar el bienestar del corazón.
Una idea fundamental de esta aseveración es que la debilidad corporal no es un impedimento para el movimiento; se trata de un motivo crucial para diseñarlo apropiadamente.
Como expertos en actividad física, nuestra meta va más allá de simplemente que una persona de edad avanzada se mueva; nuestra misión es asistirle a desplazarse con confianza, levantarse autónomamente, superar desniveles, evitar incidentes y preservar su independencia por un periodo prolongado.
La verdadera amenaza no reside en que una persona mayor practique ejercicio.
La verdadera amenaza consiste en permitirle el sedentarismo.
El movimiento, con la ciencia y la prescripción debida trás de sí, deja de ser meramente aconsejable para transformarse en un auténtico instrumento terapéutico.
Porque envejecer no significa dejar de moverse; significa aprender a moverse mejor.