06/11/2025
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Revelando la ciencia: Cómo la luz revela los latidos del corazón
Como hemos visto durante décadas, nuestro punto de referencia en cuanto a precisión ha sido la banda pectoral, un dispositivo que captura la verdadera señal eléctrica del corazón. Si bien este método basado en ECG sigue siendo el estándar de oro científico y una herramienta poderosa para los atletas, no siempre es la solución más conveniente para la monitorización continua las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Las exigencias de la vida moderna (el seguimiento del sueño, la recuperación y la actividad diaria) requerían un enfoque completamente diferente
Aquí es donde entra en juego la monitorización óptica de la frecuencia cardíaca (OHR). Se trata de una tecnología innovadora, una solución brillante al problema de la comodidad. Si bien Polar no inventó la fotopletismografía (PPG), la ciencia fundamental de la OHR, fuimos de los primeros en implementar con éxito esta tecnología en nuestros relojes deportivos. Reconocimos la necesidad de una experiencia de usuario fluida y, en lugar de licenciar una solución de terceros (como hicieron algunos competidores), nos comprometimos a desarrollar nuestro propio sensor óptico en 2015. Esto nos permitió integrar meticulosamente nuestro hardware y algoritmos patentados, garantizando que los datos que recopilamos no solo sean prácticos, sino que también cumplan con nuestros rigurosos estándares de precisión.
La ciencia detrás de esta tecnología es realmente notable. En esencia, la OHR utiliza la luz para detectar cambios sutiles en el volumen sanguíneo justo debajo de la piel, que se corresponden directamente con los latidos del corazón. Imagina pequeñas linternas y una cámara en miniatura trabajando en conjunto en tu muñeca. Un sensor OHR normalmente consta de uno o más diodos emisores de luz (LED) y un fotodiodo, que actúa como detector de luz. Los LED emiten una luz, a menudo verde, sobre la piel. La luz verde se usa comúnmente porque la hemoglobina (la proteína de los glóbulos rojos que transporta oxígeno) la absorbe particularmente bien, lo que la hace eficaz para detectar cambios en el flujo sanguíneo.
A medida que el corazón bombea sangre a través de las arterias y los capilares, el volumen de sangre debajo del sensor cambia. Cuando el corazón se contrae (sístole), fluye más sangre hacia los vasos, lo que hace que el tejido se llene ligeramente y absorba más luz. Por el contrario, cuando el corazón se relaja (diástole), el volumen sanguíneo disminuye y se absorbe menos luz, lo que da como resultado que se refleje más luz de vuelta al fotodiodo
El fotodiodo mide continuamente estas minúsculas fluctuaciones en la intensidad de la luz reflejada. Estas variaciones crean una señal pulsante, conocida como forma de onda PPG. Al analizar los picos y valles de esta forma de onda, el dispositivo puede determinar con precisión el tiempo entre cada latido del corazón, conocido como intervalo RR, y posteriormente calcular su frecuencia cardíaca en latidos por minuto (lpm).
Sin embargo, lograr esta precisión en una muñeca en movimiento presenta desafíos importantes. Cualquier movimiento del sensor con respecto a la piel, o incluso fuentes de luz externas, puede introducir "ruido" o artefactos de movimiento que oscurecen la verdadera señal de la frecuencia cardíaca. Para superar esto, los sistemas OHR avanzados emplean técnicas sofisticadas: