22/02/2018
El cuento de Valmiki
" Yogui Bhajan solía contar una y otra vez un cuento narrado de varias maneras, que muestra el poder potencial en cada uno de nosotros. Este es el cuento de Valmiki, quien escribió el famoso Ramayana (la historia del Señor Rama) en la tradición hindú:
Muy joven, Valmiki fue separado de sus padres y criado por un cazador y leñador. Se hizo experto en la caza, la matanza y la supervivencia. Se casó y tuvo muchos hijos y cuando se le hizo muy difícil mantenerlos se volcó al robo de carreteras. Su profesión era a de "dacoit" - ladrón y cortador de cabezas- con una reputación de una máxima eficiencia y éxito. Sin excepción, Valmiki cortaba la cabeza de todo aquel que pasase por su guarida y se quedaba con su dinero. Por generaciones le enseñó este oficio a toda su familia. Con perseverancia se transformó en el mejor de todos. Las personas que sabían de su reputación se mantenían alejadas. Ni siquiera los hombres del rey lo desafiaban.
En ese día particular un hombre santo, un Sadhu anónimo (a pesar que algunos dicen que era Narada), que estaba viajando y no conocía estas historias, pasó junto a la guarida del ladrón. Valmiki saltó sobre él con su espada en alto y comenzó a quitarle todo, hasta la ropa. Para sorpresa suya, el santo se postró en una reverencia ante él y le agradeció humildemente al ladrón: "Eres muy generoso en concederme el día de mi liberación, amable ladrón. He aguardado mucho tiempo para dejar este cuerpo físico. ¡Por favor, apresúrate, así puedo reunirme con el Creador!" El ladrón nunca se había encontrado con alguien que profesase tan extraña petición. El Sadhu no tenía mucho dinero y le dijo a Valmiki: " No es mucho, ¿por qué te lo llevas? Y él respondió: "Un poco por aquí y otro poco por allá van sumando una gran cantidad". El santo respondió: "Lo mismo sucede con el karma y las malas acciones, un poco aquí y otro poco allá van sumando ruina en tu vida - destruyen tu vida!"
Valmiki le gritó que no le hablara de esa manera. Él no podía hacer nada al respecto; tenía que mantener a su familia y a su pueblo que estaban necesitados y dependían de él. Lo amaban y él no podía defraudarlos. Ató al Sadhu a un árbol y al levantar su espada para levar a cabo el pedido del Sadhu, el hombre santo exclamó: "¡Espera! Como ser de la verdad debo ser justo contigo y no puedo dejar este mundo con una verdad a medias. No debes matarme. Soy un Sadhu. Si me matas tendrás con certeza el karma de morir a los pocos días. Ahora lo sabes. Por favor prosigue".
Esto perturbó a Valmiki. Sabía que las palabras de los santos siempre son verdaderas porque el poder de Dios reside en sus lenguas. Detuvo el corte fatal y le preguntó: "Sé que lo que me dices pasará. ¿Hay alguna forma de evitar este destino?" El santo respondió: "Si un miembro de tu familia muere voluntariamente al mismo tiempo que yo, si muere por amor a ti, entonces te salvarás. Pero no creo que te amen tanto".
Valmiki ató bien al santo al árbol y se fue al pueblo. Reunió a todo su clan y explicó la situación: "Debo mantener mi reputación. No puedo dejar que se sepa que alguien pudo escapar de mí. Los he mantenido durante años gracias a mi coraje y a mi espada. Ahora, ¿quién me ama lo suficiente para sacrificarse por mi?" Nadie se movió ni dijo nada. Les preguntó y pidió una y otra vez. Le comenzaron a gritar y a insultar. Dijeron que sus acciones estaban en su cabeza solamente y que pedirles que se sacrificaran era una locura. Cuando se dio cuenta de que no podría convencer a nadie regresó a donde estaba el hombre santo. Se sentó junto al santo y lo desató. Valmiki se deprimió mucho. Su mente se nubló con las memorias de todo lo que había hecho. Sintió el peso de todo su karma y sus pecados. Sintió una confusión profunda sobre la vida. Nunca se le había enseñado cómo amar, cómo ser amado, cómo ser espiritualmente grandioso. Y sin embargo había intentado actuar de acuerdo al deber.
El santo vio la desesperación del hombre. Vio que la ignorancia lo rodeaba pero que en su corazón había un deseo verdadero de comprender la verdad. El gran santo tuvo compasión. Tocó con la punta de sus dedos la frente del ladrón y con una bendición limpió su subconsciente de miedos e ignorancia. El ladrón lo miró con ojos despejados y con devoción exaltado. Le dijo: "Gran hombre, me diste la visión de mi ser verdadero; de mi ser ilimitado, puro y sin enemigos. Dame alguna práctica, alguna especie de Sadhana, para que pueda perfeccionar esta conciencia y enseñársela a otros".
El hombre santo le dio a Valmiki un Kriya. Le dijo a Valmiki que cantara "ram" con ningún otro pensamiento en su mente y ningún movimiento hasta que el Sadhu regresase de su viaje. Valmiki se sentó durante días sin moverse y entró en una meditación profunda. La misma personalidad que le había dado la disciplina y la agudeza para transformarse en un gran dacoit, un maestro ladrón y cortador de cabezas, era ahora su mejor aliada para meditar con poder y sinceridad. Cuando el Sadhu regresó varios días después (algunas leyendas dicen que varios años después y que un hormiguero de formó a su alrededor al estar sentado inmóvil y absorto) le susurró el Mantra al oído y lo sacó de su trance meditativo. Su Sadhana había limpiado su tumultuosa mente y todos sus karmas.
Valmiki, el dacoit de las carreteras, el ladrón y asesino de las carreteras, se convirtió en Rishi Valmiki. Alcanzó un punto de absorción en el que podía escribir lo que acontecería. ¡Escribió el Ramayana antes del nacimiento del Señor Rama! Eso se llama "intuición". A través de su Sadhana, su intuición lo unió con el Infinito; "Tat", las formas finitas, se unieron con "Sat", o que está más allá de la forma. El hombre llega a ser Dios. Por esta capacidad se dice que el hombre está hecho a semejanza de Dios. Cuando descubres está realidad, llega a ser esa realidad. Y este es el comienzo de la verdadera conciencia; es también la base de ser un Sikh.
La compasión, así como también su compañero, el perdón, vienen con Sadhana. La compasión y la amabilidad son las virtudes más elevadas. Como en la historia de Valmiki, la compasión puede despertar y trasformar a la más baja y burda de las personas en la más refinada y elevada."
Extracto del libro" Guía para el Sadhana de Kundalini Yoga, segunda edición "