31/08/2026
A los 18 años, mientras estudiaba mi licenciatura, comencé a dar clases de kickboxing. En ese momento jamás imaginé que terminaría dedicándome a esto. Dar clases era simplemente una manera de apoyarme económicamente durante mi etapa universitaria. Mis primeros alumnos fueron vecinos, familiares y personas cercanas que decidieron confiar en mí. Comencé con muy poco equipo y con un enfoque principalmente recreativo. Tenía conocimientos técnicos y experiencia como deportista, pero todavía no tenía algo que con los años entendería que era fundamental: una metodología. Enseñaba lo que conocía, pero todavía estaba aprendiendo a enseñar.
Después de tres o cuatro años comencé a cuestionar mi propia forma de trabajar, entendí que conocer una técnica no significaba necesariamente saber transmitirla. Así comenzó una etapa de mucho aprendizaje: seminarios nacionales e internacionales, investigación y sobre todo, muchas horas frente a mis alumnos. Con el tiempo comencé a identificar jóvenes del barrio que tenían cualidades para competir. Lo que había comenzado como clases recreativas se transformaba en un proceso de formación de peleadores.
Empezamos en torneos locales y poco a poco llegaron las primeras victorias. Eso nos llevó a buscar un reto mayor: nuestro primer evento federado. Ahí conseguimos un campeonato nacional (Aldhair Martínez) y un subcampeonato (Alonso Jarquin). Pero aquella experiencia significó mucho más que dos resultados. Me permitió conocer de cerca que aunque habíamos comenzado a obtener resultados, todavía tenía muchísimo por aprender.
Cada nuevo peleador que se incorporaba representaba también una nueva oportunidad para crecer, conocer otros escenarios, enfrentar diferentes niveles y aprender de distintas organizaciones. Paralelamente nació Liga De Contacto Completo Chimaltlalli (campo de guerra), un proyecto que funde con la intención de generar oportunidades para otros practicantes y entrenadores. En una época en la que los seminarios y eventos de Muay Thai todavía no eran tan frecuentes, decidí apostar por organizar capacitaciones y competencias de manera constante.
Al principio muchos pensaban que no funcionaría pero la comunidad demostró lo contrario.Con el tiempo llegamos a realizar aproximadamente 30–35 eventos locales y dos internacionales, contando con la participación de peleadores de Colombia, Ecuador, Argentina y Brasil, y seminarios con peleadores de talla internacional. Cada evento, cada seminario y cada viaje fueron sumando experiencia y conocimiento que posteriormente se reflejaron en mi forma de entrenar. Todo eso aunado a la carrera que estudiaba (Derecho y Juicios Orales) y a los viajes de mi hermano a Tailandia, la cuna del Muay Thai, me ayudaron a concretar una idea que llevaba años construyendo: organizar todo el conocimiento y experiencia en un plan de trabajo propio, con estructura, objetivos y una progresión definida.
Durante años nunca había pensado realmente en tener una academia propia. Al principio ni siquiera consideraba prioritario invertir en mucho equipo (solo tenía un par de thai pads y unas manoplas), porque mi intención original siempre había sido ayudarme durante la universidad. Pero los años pasaron y aquello que comenzó como algo temporal se convirtió en mi día a día. Ya no era aquel joven que simplemente daba clases para poder cubrir algunos gastos mientras estudiaba. Habían pasado muchos años, había alumnos, peleadores, competencias, viajes, seminarios, eventos y una metodología que había construido con mucho esfuerzo.
Era momento de darle a todo eso un espacio propio y afortunadamente, hubo personas que creyeron en mi proyecto. Entre ellas, la familia Valencia, quienes después de conocer mi situación y escuchar mi propuesta decidieron apoyarme con un espacio para comenzar esta nueva etapa. Decidí recuperar el nombre Chimaltlalli, ese nombre representaba años de trabajo, aprendizaje, eventos y experiencias. Por eso quise llevarlo conmigo a esta nueva etapa y así nació Chimaltlalli Muay Thai.
Hace apenas dos años abrimos nuestras puertas y, aunque sé que todavía queda muchísimo camino por recorrer, los resultados hasta ahora me llenan de orgullo. Cuando miro hacia atrás, resulta curioso pensar que nunca planeé convertirme en entrenador. Comencé dando clases para poder apoyarme durante la universidad y terminé encontrando una profesión, una pasión y un proyecto de vida.
Gracias a todos los que han formado parte de este camino, esto apenas comienza. 🥊
Chimaltlalli Muaythai