24/04/2026
¿Qué tanto significa John Cena para mí?
Por el hombre detrás de la máscara del Buitre
Gabriel Salas:
No recuerdo exactamente por qué, en lugar de irle a otro luchador —ya fuera Randy Orton, Triple H o incluso Alberto del Río (estamos hablando de 2010–2011)— terminé escogiendo al tipo al que en las transmisiones le tiraban por todo: que si le había robado la bermuda a Chabelo, que si cuando usaba morado parecía Barney, que si “el marimba”… apodo que, hasta hoy, sigo sin entender.
Tampoco logro descifrar qué fue lo que me atrapó de él.
Si fue por estilo de lucha… si era el hecho de que rapeaba… o simplemente su forma de ser.
Porque sí, generaba un sentimiento raro.
Era como ese motivador (por no decirle estafador) que te cobra un dineral por decirte que eres el mejor… pero con una diferencia clave: él sí te hacía creerlo, y no te cobraba ni un solo peso.
A esa misma persona la vi en todo.
Películas, series, eventos, levantando campeonatos, siendo humillado, improvisando raps, siendo la cara de una empresa entera.
Lo vi tener luchas increíbles… y también luchas desastrosas.
Es curioso pensar que el mismo tipo que en 2007 tuvo una lucha de más de una hora contra Shawn Michaels, en la revancha de WrestleMania 23, también tuvo en 2013 una lucha pésima contra Johnny Ace.
Y que años después, en 2017, en SummerSlam, me regaló una de mis luchas favoritas contra AJ Styles.
Ese mismo tipo.
También es el mismo que, cada vez que regresaba después de 2019 —cuando su cuerpo ya no respondía igual y su camino se inclinaba más hacia la actuación—, me provocaba algo automático: una sonrisa.
A veces incluso lágrimas.
(No es juego, Si llegué a llorar).
Porque con él recordaba todo.
Lo mucho que me enojaba cuando perdía.
Lo mucho que celebraba cuando ganaba.
Cuando levantaba mi campeonato de juguete al mismo tiempo que él levantaba el suyo… ese que giraba.
Cuando mis papás me regalaron esa playera roja y morada que, en su momento, significaba todo.
El día de su retiro… mandé todo al diablo.
Preferí ver su última lucha antes que hacer cosas tan básicas como comer, dormir o incluso despegarme de la pantalla.
Y ahí entendí algo.
Esta persona —sin saber que yo existía— se convirtió en un héroe para mí.
En alguien que me enseñó, sin conocerme, lo que era la perseverancia.
Hustle. Loyalty. Respect.
John Cena es, probablemente, mi héroe más grande.
Ese personaje que me alegraba el día con solo aparecer… que me hacía enojar cuando perdía… y que, cuando se ausentaba, hacía que todo lo demás perdiera un poco de sentido.
Es un sentimiento difícil de explicar.
Porque tal vez lo viviste… pero no así.
No con esa intensidad.
Yo lo viví viendo sus luchas contra Alberto del Río, Chris Jericho, CM Punk, Randy Orton, Batista, Sheamus, Dolph Ziggler… entre muchos otros.
Él fue quien me mantuvo conectado a este mundo.
Y también quien me hizo volver en 2020, cuando tuvo su rivalidad con Bray Wyatt.
Por eso, cuando se rindió en su lucha de retiro… se sintió extraño.
Sabía que iba a pasar.
Lo presentía con meses de anticipación.
Pero aun así… no lo quería creer.
Y supongo que no hay mucho más que decir.
Solo gracias.
Gracias, John.