18/07/2024
Cuando te ves reflejado en un espejo y lo que proyecta te provoca tristeza, enojo o desesperación, ¿a quién le echas la culpa? Por increíble que parezca, hay quienes rompen el espejo y lo sustituyen por otro, creyendo que así verán una imagen distinta a la que los atormenta. Miren, si no, a las máximas autoridades del fútbol mexicano.
No importa a qué grupo pertenezcan, con qué club se identifiquen ni en qué época les haya tocado despachar, los mandamases del fútbol mexicano llevan rompiendo un espejo tras otro desde la época en que las transmisiones de los partidos eran en blanco y negro, esperando la llegada de aquel que transforme su imagen de andrajos en traje a la medida.
En todos esos años han tenido tiempo más que suficiente para mejorar todos los defectos que han convertido a nuestro fútbol en una monserga. Defectos, por cierto, que hasta la persona menos aficionada al fútbol es capaz de notar a un kilómetro de distancia: lo que debería ser el caudal principal del fútbol mexicano, la Liga MX, cada vez produce menos futbolistas mexicanos con la calidad para jugar en ligas realmente competitivas. Porque la nuestra, seamos sinceros, es una liga sobrevalorada, con un nivel bastante pobre bajo un sistema de competencia del que te gradúas con un doctorado en mediocridad. Encima está repleta de futbolistas extranjeros cuyo talento no les da para jugar en el fútbol profesional de Luxemburgo ni para representar a su selección nacional. Un paraíso para el futbolista de medio pelo.
El próximo espejo ya lo fue en dos ocasiones anteriores. Se llama Javier Aguirre y lo que proyectó en los Mundiales de 2002 y 2010 no tuvo ningún brillo. Con él podemos ilusionarnos con llegar, si la suerte está de nuestro lado, hasta los octavos de final del próximo Mundial que, recordemos, se jugará como local a ambos lados de la frontera. Ahí nos encontraremos, nuevamente, con el penal que no fue penal, con los cambios que no se hicieron a tiempo, con el gol que debió haber entrado, con la espalda de Dios, como en todos los Mundiales. Y entonces, como siempre, todo se solucionará reventando al espejo.
Jimmy Lozano: un aplauso por dejar claro que en este fútbol de mi**da en que se ha convertido el fútbol mexicano, hay quienes se saben conducir con rectitud y mantener intacta su dignidad.