02/03/2026
Del baúl de mi vulnerabilidad...
Llevo unos buenos años sintiéndome fuerte, segura y orgullosa del cuerpo que habito y de todo lo que he construido en él (más todo lo que es capaz de hacer), pero ayer pasó algo pequeñito que en ese orgullo, me hizo tambalear.
Mientras me servía un plato de ensalada, recibí un comentario (no pedido) que tenía que ver con mi peso. Un comentario de esos sutiles que cortan como hojita de papel y que me dejó pensando por horas. Pienso que tuvo el eco suficiente para conectar con mi adolescente, la que alguna vez se sintió incómoda y pequeñita en su propia piel. Yo nunca he sufrido de sobrepeso, pero por otro lado, si se de ser "demasiado" delgada, de perder peso de más durante exámenes, de no llenar mi ropa y de que me preguntaran si todo estaba bien. Hay quien piensa que eso no es un problema, pero creeme, para mi lo era. Al final, te hablo de las inseguridades que las mujeres nos creamos.
Ayer me quedé pensando en cómo, incluso cuando caminamos con la frente en alto y nos sentimos invencibles, el mundo exterior sigue creyendo que nuestro físico es un espacio de opinión pública. Te confieso que me sorprendió ver que me impactara, pero me sirvió para recordar algo fundamental. La seguridad no es un lugar al que llegas y te quedas para siempre, ES UNA DECISIÓN que tomas cada mañana, especialmente cuando alguien de manera "indefensa" te mueve el piso.
Me encantaría decir que ya vivimos en un mundo donde todos miden sus palabras y entienden el peso de lo que dicen, pero la realidad es que todavía no estamos ahí. Siempre habrá un comentario incómodo, una observación que no pedimos o una opinión que sobra. Por eso, nuestra única verdadera armadura es esa certeza interna que nadie nos regaló y que construimos pieza por pieza y nuestra seguridad no depende del filtro ajeno.
Si aun a tus cuarentaytantos o cincuentas, un día te descubres insegura, repite conmigo "Mi cuerpo es mi casa, mi esfuerzo y mi historia, y soy la única que tiene la última palabra sobre cómo me veo y siento. Soy mía, y de nadie más".