08/08/2026
Esta ha sido mi versión más grande.
2013. Aproximadamente 115 kg.
30 kilos más que hoy.
Las personas que me conocieron en aquel entonces y que hoy me encuentran suelen tener la misma reacción:
"¿Qué te pasó? ¿Te enfermaste?"
Y lo entiendo.
A sus ojos —y a los de muchas personas— el tamaño sigue siendo sinónimo de fuerza, salud y progreso.
Pero hoy puedo decir algo que en aquel momento no entendía:
ser más grande no necesariamente significa estar mejor.
Hoy me siento mucho más ágil, flexible y capaz de moverme.
Mi entrenamiento es sostenible.
Mi cuerpo me permite hacer más con menos.
Y eso, para mí, vale mucho más que simplemente ocupar más espacio.
Ese régimen de entrenamiento, alimentación y "suplementación" que seguía en aquella época no era saludable para mí. Con el tiempo llegaron las consecuencias.
Tuve que perder 30 kilos.
Pero, sobre todo, tuve que desaprender.
Desaprender todo lo que creía saber sobre entrenamiento, alimentación, cuerpo y progreso.
Dejar de perseguir una imagen.
Dejar de medir mi valor por mi tamaño.
Y comenzar a escuchar mi propia intuición.
Empezar desde cero.
Construir una nueva relación con mi cuerpo.
Crear una nueva versión.
Un nuevo avatar.
Hoy no busco volver a ser mi versión más grande.
Busco ser mi versión más consciente.
Porque al final, transformar tu cuerpo no siempre significa hacerlo más grande.
A veces significa hacerlo más libre.